Fresas y zanahorias

Por: Martha Estela Torres Torres
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Letras Españolas
Publicado: 2014-04-03 10:00:00

Hoy siento el cansancio en todas mis articulaciones, mi energía ha disminuido, apenas tengo fuerza para caminar y siento más pereza nomás de pensar que debo que cumplir con mis obligaciones de rutina; por eso, cuando entro al supermercado, atraigo con la mirada alguno de los carritos de la entrada y aprovecho que a esas horas hay poca gente. Así comienzo a pensar en los cereales, y salen de los estantes, las marcas y los tamaños que acostumbro comprar, luego pienso en sopas, cremas, salsas y estas vienen solas al carrito que me sigue por los pasillos sin equivocarse.
Utilizo mi fuerza mental cuando recorro la tienda buscando frutas y legumbres y como no me acuerdo dónde están las zanahorias ni las fresas, simplemente pienso en ellas y de pronto las veo elevarse hacia las bolsas respectivas para acomodarse en el carrito; todo esto lo hago disimuladamente, porque no quiero llamar la atención y además porque es lo que debemos cuidar hacer las personas que tenemos dones especiales. Las leyes indican no altera el orden social y abstenerse al máximo de utilizar esta increíble facultad, pero ahora estoy tratando de evitar el agotamiento, además me parece un buen día para incrementar la energía y aunque no dormí bien por estar reflexionando en la brevedad de la vida y las disyuntivas del amor tengo que reconocer que a mis doscientos años me conservo muy bien a pesar de mis ataques de cansancio; lo bueno es que puedo fácilmente recuperar mi potencia si duermo ochenta horas seguidas, aunque siempre interrumpo ese lapso, pues no quiero perderme la luminosidad de la luna en su fase poética y además tengo que cultivar el verano porque es cuando regresa mi amor del oriente. Eleusinio no es de este mundo, él pertenece a otras esferas de la galaxia, nos conocimos cuando vino a supervisar los colores del arco iris que huyeron a la tierra. Eran llamaradas de diferentes matices que se deslizaron al mar y fue precisamente en una noche marina cuando me encontró cultivando caracolas. Desde entonces he desarrollado más mis facultades extrasensoriales, pues el amor despierta los sentidos y agudiza la percepción. Es el estado anímico más favorable para vivir en plenitud apreciando la armonía de la naturaleza.
Aún distraída en mis pensamiento observo que la fila de las carnes frías está muy extensa, entonces empiezo a soplar disimuladamente, y una a una las señoras cambian de opinión y se van a buscar otros productos, de tal forma que únicamente yo quedo frente a los despachadores que permanecen sorprendidos por la desbandada de clientas. En el departamento de fragancias y maquillajes busco un tinte para cabello y entre la multitud de marcas no encuentro ninguno de mi color, pero por casualidad me fijo que una rubia lleva precisamente mi tono preferido entonces empiezo rápidamente a parpadear una y otra vez mirándola de reojo hasta que la muchacha decide de pronto cambiar su producto por otra marca, de esa manera e indirectamente me concede mi capricho, porque creo que lo valgo. Al acercarme al departamento de fotografía me doy cuenta de que no hay nadie que atienda, entonces empiezo a contar uno, dos, tres, cuatro, cinco e inmediatamente aparece un joven muy peinado y amable que atiende mi recibo y al instante me entrega el revelado de mis fotografías que al percibir el calor de mis manos empiezan a moverse como si tuvieran vida propia y adquieren pasado y futuro cuando las estoy revisando ante el asombro del empleado que me mira estupefacto.
A veces hasta yo misma me sorprendo de la efectividad de este don de la persuasión que Dios me dio sin ningún contrato, es que el ejercicio diario de meditar me ha fortalecido la habilidad innata de convencer de cualquier modo y sin que nadie se entere de que soy yo, la más seria e inadvertida de la gente, la que de algún modo influye suavemente en sus decisiones de último momento; tal vez sientan una fuerza extraña que los impulsa a actuar en contra de lo que ya tenían planeado, claro que eso confirma que es sabio cambiar de opinión.
Entre el ir y venir de un lado para otro me doy cuenta que algunos clientes extrañados detectaron el equilibrio de los elotes balanceándose entre los niveles de mi carrito que ahora va haciendo piruetas zigzagueantes e intenta escapar de algunos niños y del guardia de seguridad que corren tras él.



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