El ciruelo

Por: Javier Omar Ramírez Villa
fcq
Químico Bacteriólogo Parasitólogo
Publicado: 2014-04-03 10:00:00

Hacia un sol esplendoroso esa mañana, el día era cálido, y el no quemaba, había llovido hacia dos días, pero aun no se sentía esa atmósfera sofocante después de una lluvia...
Yo tendría como 6 años, cuando pasó lo que les cuento, era un niño normal en lo que cabe, uno común, corriente, y frente a mi casa había un solar un gran corral, y en medio un ciruelo, un viejo árbol que llamaba mucho mi atención, se mantenía seco casi todo el año se veían las ramas y las hojas amarillas, en las noches el viento, tocaba su tronco y mecía sus ramas, se veía moverse, y parecía como si quisiese salir de sus raíces y caminar... y venir por mi... miedo de niños.
Nunca sabré por qué me llamaba la atención, pero lo veía desde mi casa, por encima de la barda de adobe del corral de Trini...
Ese día, ese día lo vi. Verde, lo vi grande lo vi vivo, no me gustaban mucho las ciruelas,
pero ese día quería ciruelas, rojas, sí, eran rojas si aún recuerdo...
Tomé un tazón y me encaminé a casa de doña Trini de ella era el corral, y vivía en una casa vieja, que según me contaba mi padre era de más allá de la Revolución, era de adobe y tejas a dos aguas, la viejita vivía pobremente, tenía un catre para dormir, una mesa labrada, con sillas labradas, era todo lo que tenía, ahora le llaman arte rústico, ella era todo lo que tenía, unos cántaros para el agua y una vieja estufa de leña, y recuerdos muchos recuerdos, porque le gustaba contarme historias, pero ese día no iba por cuentos, ese día iba por ciruelas...
— Trini, puedo pasar por ciruelas, le dije.
— No, dijo la viejecita.
Y me entristecí, di media vuelta y me alejé de allí, me fui a casa... al llegar mi madre me vio, triste y lo supo.
Cada que mi mamá, cocía frijoles, la viejecita salía de la casa, trepaba la barda, Dios sabrá como, y le gritaba a mamá para que le llevara un poco de esos deliciosos frijoles de la olla, ese día mi madre me dijo, no le lleves más frijoles, pero la viejecita estaba detrás de la barda y dijo:
— Te estoy oyendo Coco, no dejé pasar al niño, yo misma quería darle las ciruelas...




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