Los silencios

Por: Martha Estela Torres Torres
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Letras Españolas
Publicado: 2011-03-07 11:04:00

Los espacios se iluminan con la presencia de los estudiantes. Los grandes ventanales dejan entrar el sol y percibir el verde intenso de los jardines. Distintas voces se escuchan en constante murmullo. Una pregunta concentra la atención de todos.
—¿Cuándo nos dará Elodia, las calificaciones, Nacho?
—Quien sabe. Ya sabes que ella es así, le gusta mantenernos en ascuas, esperando desesperadamente el resultado de los trabajos.
—No es justo, ¿verdad Roberto, qué deberíamos quejarnos a la dirección?
—Sí tú, cómo no, ¿para qué después nos truene?
—No puede hacer eso, estás loco.
—Claro que puede, no tiene corazón.
—Hemos hecho varios trabajos y participaciones en clase y no nos ha dado
ninguna calificación. No sabemos ni qué ondas con su materia. ¿Qué pues?
—Además ya llevamos varias exposiciones, no se te olvide eso. A mí ya
me dan ansias, verdad de Dios, por terminar este semestre que ha sido el peor de toda la carrera.
—Pues sí, ahora está peor que nunca pues nos hace ver nuestra suerte, es
cada vez más terrible, ya no es la cantidad de trabajo que nos exige, sino su forma, a veces déspota y a veces hipócrita, porque eso sí, de acuerdo a su estado de ánimo, llega de pronto muy contenta y quiere que le festejemos sus ocurrencias, pero ya ves, a veces llega con una cara de orangután que espanta a todo el mundo.
—Vamos a ponernos de acuerdo y a hablar seriamente con ella.
—¿Para qué te ponga bombo como a Claudia, que el otro día apenas le iba a preguntar lo del último examen?
—Pero no fue solo por el examen difícil que nos puso sino por la forma en qué
pregunta; hace unas preguntas tan complicadas que ni ella misma las entiende, las hace bien rebuscadas para que nadie las decifre.
—Es que le gusta jugar al acertijo. Se parece al Guasón.
—Ándale, por su gran ironía, ah, y por su gordura también.
—Ja,ja,ja. Qué bárbaro, Roberto. Que no te vaya a oír porque vas a estar reprobado antes de fin de semestre.
—Si sin darle motivo, ya ves cómo se porta, ahora toreándola, ¿imagínate cómo se pondrá?
—Ay, muchachos, ojalá no venga ahora a darnos clase, pues no tengo ni tantitas ganas de verla. Anoche me quedé sin dormir por su culpa, terminando el mentado trabajo que nos pidió a última hora.
—Yo no lo traje, al cabo ni los califica, Gloria.
—Ella asegura que sí, por eso se tarda tanto en devolverlos.
—Pero ni los devuelve, ¡no manches, esto es antipedagógico! Debería de haber una comisión especial que revise el procedimiento de clases y sobretodo para cumplir formas de evaluación, porque, ¿cómo es posible que no nos entregue ninguna mugrosa calificación en todo el semestre?
—Estamos como el primer día, en blanco, sin saber ni qué.
—Pues sí y bien que lo hace a adrede para tenernos en ascuas.
—Mejor dicho en sus garras, para hacernos sufrir. Nos somete a un estrés inútil.
—Es que según ella así respondemos mejor y nos apuramos más, pero resulta contradictorio, sin retroalimentación no se logra nada.
—Miren, lo que pasa es que tiene complejos o sufre de prepotencia, haciendo esto siente que aplica todo su poder sobre nosotros. Se me hace que le fallan algunos tornillos.
—A mí no me parece tan exigente, se me hace que están exagerando, a veces es buena gente, muchachos.
—Ay, sí, Laura, como no, lo que pasa es que tú eres una barbera, le traes
chocolatitos y le ayudas a conseguir copias.
—Ay cómo son, muchachos. Nomás una sola vez le traje unos chocolates que yo misma le hice.
—¿Y la vez qué le regalaste el libro de Donoso?
—¿Y cuándo le trajiste la muñequita de Hidalgo o de Morelia?
—Es cierto, algunos alumnos se le acercan por barberos.
—Y otros, porque le tienen miedo. Un miedo pavoroso a repetir con ella.
—Claro, pues imagínate la tortura de tener que pasar otro semestre a su lado.
—¿Qué creen que me dijeron? Que siempre habla pestes de nosotros en las juntas y nos pone en mal con el director. Es una hipócrita.
—¿Quién te paso el chisme, Fernando?
—Pues…este…
—Oigan, oigan, ahí viene. Ya no estén diciendo tantas cosas. Los va a oír.
—Buenos días, jóvenes. Hoy vamos a ver la energía nuclear, espero que hayan hecho su trabajo, porque además van a tener que investigar sobre la globalización y también sobre el invierno nuclear y los cambios climatológicos. A ver Roberto, ¿qué pasó con tu trabajo?
—Oiga, maestra, ya es mucho, eso no nos había dicho.
—Mira, Fernando, así les parece ahora, porque han bajado mucho la guardia, en este grupo se han vuelto muy lentos y muy apáticos; ya no son los mismos del inicio de la carrera. Antes eran muy entusiastas y trabajaban con más ganas, pero ahora no sé que les ha pasado, han  retrocedido y se dejan llevar por una inercia fatal. Por eso tenemos que agregar materiales y ver otros temas. A ver Roberto, tráeme tú trabajo.
—Oiga maestra, disculpe, pero queremos saber cuándo nos puede entregar los trabajos
anteriores, para saber como andamos.
—Mira, Ignacio tú dedícate a cumplir y a estudiar y no te estés preocupando por eso, al final de curso sabrás.
—Pero cómo, ¿hasta el final de cursos? Pues entonces ya para qué, a la mejor ya
estamos bien amolados o infartados, pues.
—Ya, ya, no quiero quejas, pónganse a estudiar y listo y además quiero decirles que sí van a tener examen  final, oyeron bien. S í v a n a t e n e r e x a m e n.
—Oiga, maestra, pero si el examen final no viene en el programa. Usted dijo que iban a ser puros trabajos, participaciones y exposiciones.
—Pues ya cambié de opinión, así que pónganse a trabajar, ya escucharon. ¿Qué pasó con el trabajo, Roberto?
—Pues, no lo alcancé a terminar, porque como lo encargó muy tarde ya no tuve tiempo de ir con mis primos a pedirles la computadora y además el centro de cómputo ya estaba cerrado.
—Pues allá tú, esto te va a afectar muchísimo en tu calificación final, ¿oíste?
—Oiga, maestra qué tal si me permite y mañana se lo entrego…
—No señor, dije que para hoy y no doy ni un minuto más.
—Es que mire, maestra…
—Ni una palabra, no se diga más. A ver tú, Laurita, pásale por favor.
—Sí, querida maestra. ¿A ver qué le parece mi trabajo?
—Tú siempre tan responsable, Laurita, de seguro es un excelente trabajo como todos

—Hemos llegado a final de cursos, hoy es nuestra última clase y es necesario hacer balance de nuestro trabajo. Tenemos que analizar nuestros logros y reconocer nuestras fallas. Yo sé que he sido muy estricta con ustedes, pero quiero que sepan que lo hice porque verdaderamente me interesa mucho que aprendan. Fue para mí una verdadera preocupación el llevar a buen término el programa de estudios de mi materia. En verdad les he puesto toda mi dedicación para que ustedes salgan preparados en esta materia tan rica y tan importante. Sé que fui un poco exigente, pero fue por su bien y quiero decirles que han sido ustedes el mejor grupo que me ha tocado en muchos años. Ustedes son unos estudiantes muy trabajadores y cumplidos, por eso quiero decirles que estuve feliz entre ustedes y me llevo un grato recuerdo de cada uno, porque cada uno es especial para mí desde que tuve la fortuna de conocerlos. Cada uno tiene sus propias cualidades y talentos que los hacen únicos y diferentes, además quiero decirles que siento una tristeza enorme, porque ya no estarán conmigo el próximo año.
Ustedes volarán a otros espacios y conocerán otros maestros, pero como quiero que se lleven un grato recuerdo mío y no me olviden nunca, ya no les pondré el último examen que les había dicho, así ustedes verán que los he calificado benévolamente. Sí, sí,  ya sé que ya están listos y preparados para el examen, pero de pronto he sentido que ya no hay necesidad de que se los aplique. Sí, sí, también me imagino que se desvelaron estudiando y se les juntó todo ahora al final de semestre, pero relájense porque ya no les voy a poner ningún examen, ahora nos dedicaremos a recordar los buenos momentos que tuvimos en clase y a despedirnos como los buenos amigos que siempre fuimos durante todo el tiempo de la carrera que nos tocó convivir.
Para mí, ha sido una experiencia enriquecedora haber estado a cargo de tan brillante grupo; reconozco sus habilidades y destrezas y me siento sumamente orgullosa de haber sido su maestra y de que hayan pasado por mis manos, porque ahora los veo más logrados y más capaces. Serán ustedes grandes profesionistas que pondrán en alto grado el nombre de nuestra querida escuela. Ustedes demostrarán a los demás lo que han aprendido en una forma cordial y humana al servir a los demás. Me gustaría que cada uno de ustedes diera su opinión al respecto para guardar un agradable recuerdo de nuestra última clase. ¿A ver, Laurita, tú qué dices?
—Ay, maestra, yo estuve muy feliz en su clase, aprendí muchísimo y me sentí muy reconfortada por su comprensión, además es usted la maestra más preparada e inteligente de la escuela; en verdad siento una gran pena saber que ya no será mi maestra.
—Yo te entiendo, Laurita, y lo mismo pienso, porque tú haz sido una alumna ejemplar, y a ver tú, Claudia, ¿qué opinas al respecto?
—Este, yo, pues este, ¿pues qué le diré?, pues sí, sí, hemos aprendido mucho, y
este, pues, estuvimos bien, este, y pues yo creo que, que no la vamos a olvidar fácilmente.
—Gracias, Claudia, yo tampoco los olvidaré a ustedes, porque han sido maravillosos en mi clase. Pero, a ver, vamos a ver los demás que dicen, ¿por qué están tan calladitos? ahora pueden hablar lo que gusten, para eso estoy, para escucharlos. A ver Nacho, exprésanos tu punto de vista sobre la clase.
—¿Yo, maestra?
—Sí, tú. ¿Di qué te pareció mi clase?
—Pues no sé.
—¿Cómo qué no sabes?
—Digo que no sé como explicarlo.
—Ah, pues mira, dilo con palabras sencillas, nomás que sean sinceras y que tengan sentimiento.
—Pues, este, me pareció bien la clase, está chida, sí,  sí aprendí mucho, maestra.
—Bueno, bueno, pero sé más explícito, puedes ahondar más en tu opinión, a ver, dime ¿te pareció bien mi forma de ser y mi cátedra? Dilo hombre, dilo, no te de pena.
—Pues, este, sí, me pareció rete bien, maestra, de verdad.
—Ay, qué hombre este de pocas palabras. A ver, ¿quién sigue?... ¿Nadie? No puede ser, algo tendrán que decir de todos estos semestres que pasamos juntos. A ver piensen en algo agradable, algo que… sí, sí, Laurita, te escucho.
—Maestra, quiero decirle que estuvimos muy contentos siempre y que aprendimos muchísimo porque usted es una persona muy generosa y amable y muy profesional y nunca la vamos a olvidar.
—Gracias, Laurita, tampoco yo olvidaré a los alumnos como tú, que son tan generosos y expresivos y que saben aprovechar los conocimientos del maestro y que son sumamente agradecidos con quienes les tienden la mano y los ayudan a superarse, pero bueno vamos a continuar con nuestra despedida, ¿quién quiere hablar ahora? ¿Nadie? ¿Cómo es posible que no se les ocurra nada? No puedo creer que no tengan nada que decirme; piensen bien lo que les estoy diciendo ahora, porque deben saber que así como sé apreciar y agradecer los buenos comentarios, también sé interpretar los silencios y créanme que los tomaré muy en cuenta y los tendré presentes en el preciso momento en que ponga las calificaciones finales. A ver Roberto, ¿tienes algo que decir, ahora?
—Bueno, bueno maestra, ya que usted me pregunta, tengo que reconocer que a veces uno se equivoca en las primeras apreciaciones y creo que usted nos ha enseñado a analizar y a no quedarnos con la primera impresión del conocimiento, sino que hay que ir al fondo de las cosas; por eso cuando conocemos a alguien nos podemos equivocar fácilmente; por ejemplo, yo al principio pensé que usted era de un modo muy distinto, pero con el transcurso del tiempo y durante toda la carrera me di cuenta que usted es muy diferente a como yo creí antes.

Ahora me doy cuenta de que usted es otra persona distinta y muy especial a como yo la había imaginado.
—Gracias, gracias, Roberto, eres muy amable y muy inteligente por saber valorar la calidad de las personas. Bueno, en fin, ya no voy a insistir más para que hablen los calladitos, mejor les voy a dar las gracias a los que externaron su opinión, por sus palabras tan cariñosas y tan gentiles. De todas formas me voy muy contenta, porque confirmo que pude transmitirles grandes conocimientos y enseñarlos a pensar, creo que también logré sembrar en ustedes la semilla para que puedan ser mejores personas.  Les deseo mucha suerte en su nueva vida y que alcancen a cristalizas todos sus sueños. Ah, las calificaciones estarán listas para el jueves próximo y no quiero reclamación alguna por ningún motivo, porque ya les advertí que también sé interpretar los silencios. Que les vaya muy bien, muchachos y que tengan muy buena suerte. Ojalá me recuerden bien porque la vida da muchas vueltas y seguramente nos encontraremos más delante. 





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