Lilith

Por: Martha Estela Torres Torres
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Letras Españolas
Publicado: 2011-03-07 11:04:00

Te amaré siempre pase lo que pase, porque sabrás que aún con lo que me has hecho sufrir no puedo dejar de amarte, pero es necesario que me vaya de tu lado por un tiempo, de esa manera puedo aprovechar el trabajo en la base petrolera de Odessa porque pagan muy bien, claro que es un trabajal terrible, los hombres duran días metidos en unas bases enormes, soldando placas de metal para construir tanques; ha de ser bien duro, yo creo que ni siquiera se puede respirar bien metido allí adentro, pero claro que vale la pena trabajar en eso, porque pagan muy bien, no como aquí que tenemos salario de hambre en la maquila explotadora y en todos los negocios de los grandes empresarios ¿así, cómo se puede superar uno? si trabajando a pulso nunca pagan salarios dignos ni tan siquiera  suficiente para vivir como Dios manda. Pues, allá tú, Manuel. Tú sabes lo que haces, yo de todas maneras ya te dije lo que estoy pensando. Y yo también ya te dije que la pienses mejor; si me voy a trabajar te doy tiempo de recapacitar y de seguro se te va a pasar la idea del divorcio, porque una cosa si te digo, primero verte muerta que lejos de mí. ¿Oíste? Porque ni creas que te voy a dejar que te vayas por ahí, vagando por la vida y menos que te pongas al alcance de cualquier imbécil que no te sepa apreciar, ¿oíste, Irene?  No, yo no me quiero ir con ningún otro, me quiero ir con mis papas y a trabajar en Monclava. Es lo mismo, Irene, de todas maneras me dejarás, y yo me casé contigo a la buena y a la buena te quiero tener siempre, pero si tú ya no me quieres prefiero que te mueras a que te me vayas por ay. ¿Qué no sabes que las divorciadas y las viudas se vuelven de pronto muy atractivas? Apenas se quedan solas y prontito les llegan los pretendientes, pero son unos desgraciados, esos que hablan muy bonito y tienen facilidad para engañar mujeres y entonces las muy tontas se creen de sus palabras amorosas y más tarda un gallo en cantar que ser abandonadas y entonces sí, sufren grandes decepciones, porque se dan cuenta de que nomás las querían pa´ un ratito, solo pá cambiar de modelo. Eres muy exagerado; por lo menos déjame visitarlos por un tiempo, mientras tú te vas al otro lado. Ya te dije que no, tu deber es esperarme y si no entiendes, Irene, entonces allá tú, yo he cumplido mi deber con decirte las cosas y abrirte los ojos, pero tú terca y terca sigues con la misma idea; que porque ya no nos entendemos, que porque ya no sientes lo mismo por mí, que porque soy muy seco, que porque ya no tengo tiempo para ti... Híjole, pero si bien sabes que me la paso en la chamba, hasta turnos de tercera y horas extras me aviento para que no te falte nada y para que puedas vivir contenta con lo que te doy, pero no, ni así.  Ay te mantienes leyendo esas historias falsas y pensando en cosas raras que te enferman la mente y te mantienes con esas amigas que cada día son más liberales, que poco a poco te están lavando el cerebro y por culpa de esas malditas ideas me quieres dejar pa´ vivir sola y quien sabe Dios dónde. Claro que no, no es por eso, ya te explique. No, Irene, entiende. Yo sé que si tuvieras hijos las cosas irían distintas entre tú y yo, pero me echas la culpa y por eso quieres desquitarte. Estás equivocado, yo no te echo la culpa de nada. Pues así parece, fíjate. Claro que no, yo solo quiero irme para vivir en paz y ya no estar discutiendo tanto. Ya sé que te molesta que te diga todo esto, ¿verdad? Pues sí, claro, entonces ya déjame en paz. Ya no me sigas diciendo tantas y tanta cosas que me pones los nervios de punta. Total, acepta el trabajo y ¡déjame tranquila! Si necesitas irte, pues adelante, podrás mejorar y de paso hasta pasearte y conocer otros lugares. De mí no te preocupes, me quedaré aquí, como tú lo haz ordenado. Te esperaré algunos meses, pero me quedaré más bien por tu mamá, pero si tardas más de lo que dices, entonces lo más seguro es que ya no me encuentres aquí. Allá me conoce la gente y tal vez pueda trabajar en alguna escuela o algún consultorio. Ya no me estés rezongando, mujer. Volveré antes del año ya verás tú, menos del año eso si te aseguro, mientras tanto te encargo a mi amá que ya está vieja, la pobre. Cuidaré a tu madre; por ella haré cualquier sacrificio, no tienes ni que pedírmelo, porque ella si me quiere de verdad y además me comprende; sabe reconocer que en el corazón no se manda. Ya, ya., no quiero que sigas con lo mismo; yo solo quiero que me  vuelvas a querer como antes, ¿qué no te acuerdas cuando nos casamos? Tú te veías contenta, verdad de Dios, estabas como una princesa de cuento. Sí, sí, princesa de cuento, que pronto se convirtió en Cenicienta. Me has mantenido encerrada y cuidando a tu mamá y tengo que hacer las cosas porque así le gusta ella, que porque esto o aquello le ayuda a su problema de reumas y… Mira, Irene, tú ya no eres la misma, ahora estás muy soberbia y eso no es bueno ni para ti ni para mí. Ah, ahora resulta que tengo que estar calladita para parecerte mejor, ¿verdad? Yo ya no quiero estar aquí, ya te lo he dicho varias veces, no estamos bien, tienes que reconocerlo, ¿para qué me quieres si estamos en éstas condiciones? Tú nomás te mantienes en el trabajo y los ratos que tienes libres te la pasas con tus amigos tomando, ¿cuál vida es ésa, dime? Cállate. ¡Te digo que te calles! Ya te advertí, tú no vas a ir a ninguna parte. Aquí tendrás que estar, si cuando regresé del otro lado me quieres dejar, entonces pos ni modo, no te lo voy a impedir, pero tienes que darte un tiempo para pensar las cosas y no así, nomás porque a ti se te ocurre y de buenas a primeras quieres romper el matrimonio, pues ¿qué ya anda alguien tras de ti o traes a alguien entre ojos? Nomás eso me faltaba, seguramente por eso te quieres separar. ¡Dime la verdad! Te equivocas, no hay nada de eso que estás imaginando. Irene, en el casorio no hay arrepentimientos, aquí uno da su palabra y nada de andarse haciendo pa´ atrás. Yo no estoy de acuerdo con la modernidad y menos con el divorcio a primeras de cambio. En nuestra familia se respeta el hogar, no se te olvide. A mí no me parecen esas cosas de moda que porque si no hay compatibilidad de caracteres o si la fregada. Aquí nos aguantamos los dos y seguimos la ruta marcada. Ya te dije y te vuelvo a repetir… Bueno, bueno, déjame hablar, pues, nomás tu hablas y hasta gritas y no me dejas ni…

No, ni madre, primero me oyes y después alegas. Ya te dije que primero muerta que verte por otros rumbos o con otro. Te prefiero aquí, aunque te mueras. No digas eso, me das miedo. Pos eso deberías de tenerme siquiera. Un poco de miedo y de respeto a ver si así me vuelves a querer. Respeto si te tengo, por eso no me he ido, porque quiero que por las buenas me dejes ir. Bueno, si te esperas un tiempo… y piensas bien las cosas… pa´ cuando me vuelva de allá, entonces hablamos, me dices lo que has pensado… si te quieres quedar o irte, pues allá tú. Está bien, pues. Te voy a esperar para que no digas que no te di una última oportunidad.

Oye, oye, fíjate y habla bien… mejor aclara: nos vamos, nos vamos a dar otra oportunidad.  

Verás, que el tiempo reforzará el amor y me volverás a querer como antes, júrame  que me vas a esperar. Pos primero tú júrame que me vas a dejar ir, si así lo decido. No habrá necesidad. Te podrás ir, pero yo te aseguro que de alguna manera te seguiré teniendo, lo verás tú, te lo juro. Pues ya juraste, Manuel y tendrás que cumplir tu palabra. Y tú acuérdate lo que te estoy diciendo, prefiero verte muerta antes de que me dejes. Ya, ya, no me estés repitiendo lo mismo, y conste que ya prometiste respetar mi decisión.  

Irene, mañana me voy y todavía me dices ¿qué me duerma? Cómo me dices eso, si ahora es la última noche que estaremos juntos? Por eso mismo mejor ya duérmete que nos tenemos que levantar temprano para terminar la maleta. Dame un beso, amor. Cuando regreses, ahora tengo mucho sueño. Nomás uno, ándale no sea malita. No, no, déjame por favor. Bésame, Irene, bésame. Déjame, Manuel… déjame…déjame.

Hijita, fíjate que te llegaron estas flores, mira qué bonitas están. Son Lilith, las flores que le encantan a Manuel, ¿te gustan? Sí, señora, gracias. Las pondré aquí en tu recámara para que sientas que aquí está m´ijo, siempre a tu lado y por cierto ¿cómo amaneciste? Bien, muy bien. Dormí toda la noche de un tirón. ¡Qué maravilla es el sueño! Yo no puedo dormir bien, verás, en la noche me pongo piense y piense en el pobre de Manuel que se fue y de seguro ya anda trabaje y trabaje con los gringos y nosotras aquí muy a gusto, cómodas y seguras. ¿Y qué quiere, señora? Le gustaría que yo me ponga a trabajar? No, niña, cómo crees, y luego, ¿quién me cuida? Ya ves que yo no puedo hacer muchas cosas y luego cuando me ataca fuerte el reumatismo no tendré a nadie que vea por mí ni que me tienda la mano. Oiga,  ¿y cómo mandaría, Manuel, las flores? Pues dijo que tenía un conocido de una florería y que le pidió que te trajera flores dos veces a la semana sin falta, porque quiere que no pases un solo día de su ausencia sin que tengas flores junto a ti;  me dijo que las quería ver aquí, siempre cerca de tu rostro, en el buró, para que iluminen tu sonrisa todo el tiempo.

¿Para qué voy a querer tantas flores? Con una vez que me mande está bien, ¿para qué gasta tanto, pues qué no quiere ahorrar? Es una decisión de mi´jo que te ama y se muere por ti, mira que andar tan lejos, trabajando de sol a sol para comprarte una casita más buena a ver si así te tiene más contenta. Eso es amor, hija, de los buenos, Créeme. Sí, sí señora. Le pondré un terrón de azúcar a las flores para que te duren más, así el deseo de mi hijo se cumplirá tarde o temprano. ¿Cuál deseo, señora? Pues que siempre estés a su lado y que lo quieras cada día más. ¿Verdad que sí lo quieres? Si usted, lo duda, señora, entonces por algo será, pero  venga, mejor vamos a desayunar, le prepararé avena y fruta. Venga, yo la ayudo a subir los escalones. También le haré pan tostado con chocolate, porque el café le hace daño, irrita mucho el estómago y después le dan los calambres. Nomás una tacita de café, nomás una, es que el café me quita esta pesadez de la cabeza y me da un poco de fuerzas para moverme mejor. No, café no. Ya verá usted, siéntese y déjese querer. Verá que ahorita en un santiamén prepararé el desayuno y arreglaré la casa. Hoy lavaré las cortinas de la sala y mañana las de su cuarto, ¿qué le parece? Pues bien, muy bien, tú si tienes fuerzas no que yo… Mire, doña Dolores, mire qué rico desayuno y ¡ya no esté pensando tantas cosas!

No sé que te está pasa, niña Irene. Ya tienes varios días en la misma, pues ¿qué te haría daño? Te veo muy desmejorada desde que se fue mi´jo, ¿qué no estarás embarazada? ¿Sí, verdad? eso ha de ser, te has preñado y por eso estás más delgada, y tan pálida, y de seguro por eso hasta te sientes triste, pero no estés triste, mujer, un hijo es la mejor bendición de Dios. Verás como las cosas entre ustedes se van a mejorar muchísimo; con un hijo en ésta casa las cosas van a cambiar muchísimo. ¡Alabado sea Dios! No estoy segura, señora, lo que pasa es que me duele mucho la cabeza y me siento muy débil como si un gran peso cayera sobre mí o como un mal hechizo que poco a poco me está quitando las fuerzas y el ánimo, ya no tengo ganas de nada. Ah, entonces si no es embarazo, es seguramente la falta de Manuel que ya te está calando; es que a veces, los hombres la cansan a una y por eso creemos que ya no los queremos, pero en cuanto se van lejos, empezamos a echarlos de menos, ya ves tú, ahora que Manuel anda tan lejos ya lo estás extrañando y es que ustedes ya llevan muchos años juntos y no es fácil separarse, así de pronto; aunque yo pienso que está separación les va a servir mucho a los dos para que cuiden más su cariño. Por favor, señora, tráigame una limonada a ver si me asienta el estómago y se me pasa el mareo. Fíjese que cada día batallo más para levantarme, créame; pues ¿qué me estará pasando? Te digo que mi nieto viene en camino, mujer. Mañana mismo le hablaré a Manuel pa´ decirle que ya estás en cinta, esperando un hijo suyo. No, no, señora, no le vaya a decir nada todavía, porque la verdad no estoy segura, más bien creo que es otra cosa, pero no sé que es. Pónte contenta, Irene, que ya verás que no me equivoco. Se llamará Manuel como m´ijo, y pos si es niña pues como yo, Cleotilde. Bueno, bueno mejor como su madre, porque tiene un nombre más bonito que el mío.

Total yo la voy a querer tanto como si se llamara igualito que yo. Ah, sí, ya te voy a hacer una limonada fría o mejor un tesito de doce flores para que te sientas mejor. Gracias por todas sus molestias. No es ninguna mujer, pero vas a tener paciencia, porque apenas voy, es que tengo que caminar despacito para no resbalar, es que a mi edad ya no se puede sostener bien. Solo el bastón me ayuda a mantenerme en pie, es que se va uno como pa´ atrás, o a veces como pa´ delante. Pero ya voy. No se apure, señora, aquí la espero no tengo prisa, al contrario tengo muchos días por delante y el tiempo se me va a ser eterno esperado que vuelva Manuel. Ya quiero que regrese, porque le tengo que avisar que ahora sí ya me voy con mi gente, aquí no tengo vida. Ya me quiero ir, es que ya me quiero ir…con ellos. ¿Qué dices, Irenita?, no te escuchó, niña. Ya sabes que no oigo bien y menos tan lejos…

No puede ser, no puedes seguir en ese peso y con esa tristeza. Ya ni siquiera volteas a ver las flores que te manda Manuel, las que trajeron ayer ni caso les hiciste, yo les tuve que poner más agua para que no se pongas lacias tan pronto, mira siempre manda las mismas, se ve que aleccionó bien a su amigo, ¡son Lilith, qué tiernas y delicadas son! Pero tú como si nada, como si las flores no fueran para ti, y con esa cara de enferma o de  preocupada ya me estás poniendo nerviosa, pues ¿qué no crees que Manuel va a regresar pronto? No, si no es eso, no estoy así por Manuel, la verdad casi no lo extraño, pero quién sabe qué tendré; como usted dice, mañana mismo iré con un doctor para ver qué tengo. Pos desde cuando deberías de haber ido aunque tengas que irte en taxi si te cansa mucho el camión. Ahora, ¿si quieres te acompaño?, pero vas a batallar más conmigo, mejor me quedo para hacerte un caldito de garbanzo, verás que te va a caer mejor que éste de verduras que apenas probaste. Es que se me revuelve el estómago y no tengo hambre. El dolor de cabeza y esta debilidad no me dejan comer. Duérmete pues para que agarres fuerzas y te puedas levantar mejor para que vayas temprano al doctor. Ya nomás tómate este té. Si, ahí déjelo, al ratito me lo tomo.

Cómo te tardaste, que bárbara, ya me tenías toda preocupada ¿cómo te fue, pues? Bien… bien…

Mira nomás apenas traes fuerza para caminar, pues ¿qué te digo el doctorcito ese? Pues que parece que estoy bien, me mando hacer unos análisis y por eso me tarde, ya ve que no quise desayunar y eso me sirvió, porque de allí me pasé al laboratorio y con tan buena suerte que me quisieron atender, aunque después me sentí muy mal cuando venía en el camión, es que de vuelta ya no quise pagar otro taxi y… Te dije, niña, que pagaras taxi al cabo ni que fuera todos los días. ¿Y qué te dio el doctor? Pues unos reconstituyentes, dice que a la mejor ando anémica, y que por eso estoy tan débil y mareada. ¿Nomás eso te dio, para eso fuiste a pasearte toda mareada y a perder toda la mañana? Ay, no, estos doctorcitos de ahora a nada le atinan, solo le sacan a uno el dinero luego, luego. Estudian mucho, pero cobran más cada día. ¿Cuánto te cobró?, no, no, mejor ni me digas que me da un infarto. Ven recuéstate un ratito, ahora te voy a traer agua para que te tomes esas dizque vitaminas. No señora, son reconstituyentes, así dijo el doctor. Es lo mismo y verás tú que esas pastillitas no te sacan del apuro. Necesitas unas inyecciones, esas si levantan muertos. Mejor hubieras ido con Delfina, la enfermera de la colonia, ella si es muy buena para todos esos males de amores y hasta te hubiera dicho si es embarazo o no. Ya me dijo el doctor que no, además ya hice las cuentas y todo sigue normal, así que no se esté animando con lo del nieto; déme pues el agua ya me quiero tomar esto a ver si me compongo un poco. Oye, vino Romelia, te trajo unas manzanas cocidas, dice que eso te alimenta mucho y te mejorarás bien pronto. No, ahora no quiero comer, oiga, señora, fíjese que se me hace que son las flores las que me están mareando, mejor sáquelas de aquí. No niña, ¿cómo crees?, no pueden ser las flores, menos éstas que llegaron hoy, mira que nuevitas están, frescas y lindas como recién cortas del jardín. Es que no sé, está recamara tiene un olor muy extraño, ¿no le parece? A mí no se me hace, huele a flores frescas eso es todo, pero al contrario deberías disfrutar el aroma de las flores que m´ijo ha ordenado para ti desde tan lejos; yo no sé ni como le hace para pagarlas y para que las sigan trayendo; fíjate, ya tiene varias semanas que se fue Manuel y no faltan flores ni los lunes ni los jueves y siempre las traen tempranito. El repartidor las deja en la entrada debajo del árbol en la mera sombrita, en su jarrita de plástico. ¡Las de ahora están lindísimas! ¿¡Mira, mira nomás! Sí están lindas, eso qué ni qué, pero, pues entonces ya no sé ni qué. Ahora todo me molesta, los aromas se han vuelto insoportables. A la mejor, es la alfombra. Pues a lo mejor, porque ya es muy vieja, pero pues nunca te había molestado; mejor descansa, Irenita, a ver si al rato quieres comer algo, tengo caldo de ayer y un poco de sopa. Gracias, señora, usted es muy linda conmigo. ¿Y cómo no lo voy a ser? si tú eres lo que m´ijo más quiere en este mundo; mira que andar tan lejos solo para juntar y para comprarte lo que tú quieras y para tenerte más contenta. Ay, señora, ahora no tengo fuerzas ni para platicar, pero quiero que sepa que ya me quiero ir con mi familia. Ah, entonces, ya no lo quieres, por eso te quieres ir, ¿verdad? Si lo quiero, señora Dolores, pero no como el quiere que lo quiera. Ah, entonces es verdad lo del divorcio, ¿es cierto que ya te quieres divorciar? Pues mire, yo creo que es lo mejor para los dos. ¿Y cómo fregados vas a saber tú, qué es lo mejor para m´ijo? M´ijo te quiere a ti, eso tienes que saber, ah no, no te quiere, te adora, Irene, y no puedes dejarlo, además él se moriría primero que dejarte ir. Si ya sé, también me dijo que prefería verme muerta antes de que me aleje de él, pero eso está mal, señora, y mire, yo ya le pedí de muchas maneras que me permita irme, por las buenas. Eres una ingrata al pensar así, no sabes el mal que le puedes hacer. Las flores, señora, se me hace que las flores sueltan un olor que me marea, por favor abra la ventana. Ay, sí, ahora ya se te puso que las flores huelen mal. Se nota que ni las flores de m´ijo quieres, qué bárbara, ojalá que Manuel no se entere nunca que te molestan sus flores. ¡Qué ingrata eres Irene, él con tanto fervor que las manda para que no te olvides ni un día de él, y tú quejándote de ellas! Ay, señora, usted disculpe, pero me marea ese olor tan intenso. Ya te dije que no son las flores, ¿así está bien la ventana? Sí, gracias, señora, así está bien, verá usted que con el aire ya me voy a sentir mejor; creo que tiene razón, no son las flores, soy yo, señora la que está mal, pero cuando me den los resultados veremos que es lo que me está enfermando. Por favor deje toda la ventana abierta. Pero no la dejes así toda la noche, te puede hacer daño el sereno de media noche, de por sí, estás mal y luego imagínate que te dé un dolor de frío en la espalda te pondrás peor. Necesito aire, aire, por favor. Mira, dejaré la ventana abierta, pero antes de dormir, pasaré a cerrarla.
Gracias, señora, gracias.

Son las flores, oh Dios, las que me han puesto enferma, ahora estoy segura de que su olor me roba la respiración y me ponen mal de la cabeza. ¿Qué estás diciendo, Irene? ¿sigues en lo mismo?, ¿cómo puedes creer qué son estas inocentes flores las que te pueden causar mal? Estás loca, eso no puede ser. Disculpe, señora, pero ya le dije que las flores tienen cierto olor que ya no puedo soportar, por favor llévelas al pasillo o yo misma las llevaré. Claro que no, por ningún motivo voy a permitir que desprecies las flores que m´ijo te manda con tan sagrado horario. Las flores son inofensivas y dulces, su olor tienen un sabor dulce y tierno que tú no sabes apreciar. ¡Mira qué lindas las de hoy! Llegaron muy temprano pero no las quise cambiar, porque todavía no despertabas, pero ve, comprueba tú misma que las del jueves están igualitas, es que les puse dos Aspirinas para que duraran más, así que las de hoy las pondré en el baño. No en el baño no, señora, por favor. Bueno, bueno, entonces las llevaré a la estancia para que vistan el lugar, porque ya ves que a veces vienen amigas a preguntar por tu salud, aunque no las dejo verte, porque no quiero que nadie te moleste para que te compongas más pronto, pero debes de saber que toda la colonia está preocupada por ti.

Oye, como ahora las flores duran más con lo que les pongo al rato habrá Lilith por toda la casa, ¿qué te parece? Pues mal, si le estoy diciendo que esas flores me están haciendo daño y usted ni caso me hace se nota que no le importa mi salud.  Mira, Irene, entiende, no son las flores, es imposible que estas flores que venden y revenden hagan daño a alguien. No puede ser, simplemente estás equivocada, pues se te ha metido eso en la cabeza y terca te has aferrado a la idea de que las flores te hacen daño, pero estoy sospechado que no las quieres, porque te recuerdan a Manuel y por lo visto ya no quieres saber nada de él. No señora, no es eso. ¡Pues entonces qué ideas las tuyas! Ya duérmete y deja las flores en paz.

Irene, Irencita, ¿cómo amaneciste? Despierta, niña, mira, ya son las doce y tu dormida, acuérdate que tenías que ir por los resultados. ¿Ya se te olvido? No, pero no puedo levantarme, señora, vaya con doña Amelia para que mande a uno de sus hijos y me hagan el favor. Vaya señora, allí en la cómoda está el nombre del laboratorio, queda por el centro, por la calle Rivera. Sí, ahorita mismo iré pa´ allá. A ver si de una vez salimos de dudas con tu famosa enfermedad; te digo que yo conozco de esas cosas y pa mí es la cigüeña que ya viene en camino. Ojalá, señora, ojalá. Mira nomás qué casualidad, anoche vinieron tus amigas y te trajeron un enorme ramo de flores para alegrarte la vida eso dijeron, para que te compusieras pronto y ¿qué crees? Qué casualidad, pero casi todas las flores del ramo son Lilith. Éstas si huelen para que veas, porque son muchísimas, están en un jarrón inmenso; ahorita mismo te lo traigo para que las veas. ¿Lilith, otras flores Lilith? Sí, son muchas Lilith, ¡son una maravilla! Y las demás flores ¿qué son? Son alcatraces, y follaje, ese que le ponen para adornar el ramo, pero la mayoría son Lilith, aunque blancas, no lilitas como las que te manda m´ijo, pero mira qué casualidad, mandar también Lilith. Bueno, ahora iré con doña Amelia, ahoritita vuelvo para traerte un atolito. Mejor nomás tráigame un té de tila, ahora no tengo nada de hambre. Pero, ¿cómo que tampoco ahora tienes hambre? si ayer te la pasaste vomite y vomite y no tienen nada en el estómago. Tienes que comer, Irene, entiende, porque te vas a poner peor. No puedo, señora, de veritas. Ay niña, ya le voy a tener que hablar a Manuel para que se regrese para acá y te atienda. No señora, verá que ya me voy a componer, verá usted. Mire también dígale a doña Amelia que por caridad lleven los resultados al doctor Rodríguez para que me recete algo, el consultorio queda en una calle más arriba; explique que no puedo ni levantarme. Sí ya sé lo que le tengo que decir, pero es que tú no pones nada de tu parte, tienes que comer entiende si no se te va a complicar. Sí señora, ya voy a comer.

Que mando decir el doctor que no tienes nada, que estás buena para mucho rato, los resultados no dicen que estés mala de nada, así que te levantas ahorita mismo y te pones a comer como es debido, ¿oíste Irene?, levántate por favor, yo te ayudo. Gracias señora, al ratito voy a comer, ahora no puedo, de veras. Ah, anoche que me levanté al baño alcancé a ver las flores en el pasillo y me di cuenta que contradices mis órdenes por eso las volví a meter al cuarto, pero nomás las puse atrás de la cortina para no hacerte mucho ruido. ¿Están atrás de la cortina? Ay, ¿para qué las volvió a meter? Para que veas que las flores no tienen nada que ver con tu enfermedad. Si las flores nada tienen que ver, ¿entonces por qué sigo así, dígame señora? No sé, hija, y ya no sé ni que remedio darte para que te pongas bien. Creo que es solo tiricia, a la mejor si estaría  bien que te fueras un tiempo con tu familia. No, señora, ahora no puedo irme así, mis padres se preocuparían muchísimo al verme en estás condiciones. Yo te acompaño, Irene, yo te llevo a tu casa, aunque se molesté Manuelito, pues en estos casos ¿qué más podemos hacer? Ellos te atenderán mejor que yo que ya estoy tan achacosa y no puedo ni lavar ni hacer comida para enfermo, trata de ponerte mejor y te llevaré con tus papás. Gracias, señora, ¿qué me mandó a recetar el doctor, pues? Nomás mandó un jarabe y unas pastillas para el dolor de cabeza y el mareo, dice que te tienes que componer con esto y que trates de salir para que te de el aire. Sí, sí, señora, abra la ventana por favor, sí de par en par para que se vaya ese olor tan intenso. Ya te dije que no hay ningún olor. ¿Qué no entiendes pues, aquí no hay malos olores, son tus figuraciones, mujer, Aire, señora, eso es lo que necesito, aire para purificar mis pulmones.

Pero qué barbaridad, hace mucho viento, mira nomás como entra polvo. No, no, ahora no podemos tener abierta la ventana. Por favor, señora, déjela abierta. No, no, solo te abriré la del baño, porque por ésta entra muchísima tierra y yo no te puedo andar agachando ni limpiando los muebles ni el piso. Por favor, solo un rato. Ya te dije que no, nomás la del baño y eso nomás la mitad, porque también entra el terregal.

Irene, Irene, despierta, mira, abre los ojos, aquí están varias de tus amigas que me han insistido mucho en verte, despierta. Son, Luly y Olivia, ¿te acuerdas de ellas? Y Mague y Agueda, las vecinas de la vuelta que también se enteraron de tu enfermedad y han venido a saludarte y ¿qué crees? Te trajeron flores, dicen que escogieron las que más te gustan, porque Olivia les dijo que nos encantan las flores. Fíjate, son precisamente Lilith, igualitas a las que te manda m´ijo desde Odessa, bueno son de aquí, pero él las ordena desde allá y las paga con Money orden. Eso me dijo el mensajero, que ya cada mes las manda pagar por adelantado. Sí, sí… gracia… Pero mujer, incorpórate un poco para que saludes a tus amigas que también te trajeron panecillos de miel y galletitas de hojaldre. ¡Mira qué delicias! Claro, con esto de seguro te vas a componer, ya verás que pronto darán resultado las medicinas que te dio el doctor. Sí… ya voy… a estar… bien… Irene, ¿qué te pasa, te mareaste? Un poco, un poquito… Ya nos vamos, señora, esperamos que pronto se recupere Irene, volveremos pronto a ver cómo sigue. Mil gracias por las flores, Irene dales las gracias, por las flores… Sí, grac… que  l e s  v a y a… bien…

Querido hijo, Manuelito, te he hablado al teléfono que me mandaste, pero me dicen que ya no trabajas allí, solo tengo la dirección del amigo que te consiguió el trabajo, te escribo para decirte, no se cómo decirte, porque sé que la noticia te causará un gran dolor, pero tengo que decirte de todas maneras, aunque no encuentro el modo de decirte que ayer, nada menos que el terrible día de ayer murió, pues  Irene. M´ijo, fíjate que ya tenía varias semanas sin comer y con un dolor de cabeza constante que la mareaba por completo, pero la verdad, no estaba tan mala como para morirse, pero yo creo que se puso más mala en la madrugada de ayer, y yo sin saber ya no pude ayudarla. Los vecinos han estado al pendiente de nosotras todo el tiempo y me han ayudado para velarla aquí mismito en la casa. Ahora está tendida como una bella durmiente y quiero decirte que todos los amigos y conocidos han enviado ramos iguales a los que has estado enviando tú. Ahora, Irene, está rodeada de miles de Lilith, las flores le han alegrado la vida y la han acompañado desde que te fuiste tú.





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