Panfleto

Por: Zully Alejandra Zambrano Nogal
ffyl
Letras Españolas
Publicado: 2012-08-02 10:44:14

Cierto hombre caminaba por el callejón que lo conducía en
menor tiempo a su casa, más la naturaleza voluntariosa apareció ipso facto
envolviendo al hombre y el camino con aire, tierra y ausencia de luz. Como
portazo en la cara, dicha fuerza más grande que él, le arrojó al rostro un
panfleto que se debatía entre los cuestionamientos más simples y complejos del
ser. El hombre leyó:


¿Dónde está la ética y moral?


Espantado por la aparición del primer acto que sostenían
sus yemas inquietas, la voluntad se volvió contra ellas arrojando el panfleto
con temor. Temió por su vida, más no había por qué temer. El libro rodaba como
moneda por el pavimento, aterrizando en el primer acto. Impulsado por el deseo
de sus ojos miró contra su voluntad:


PRIMER ACTO


Escena Uno


(Se abre el telón y aparece una mujer caminando por el
escenario)


Mujer.— ¿Y quién carajos crees que eres tú? ¿con qué
calidad moral vienes a decirme que no te sea infiel, maldito mujeriego? yo hago
lo que me place, cuando me place, ¡te odio maldito!


(Sale de escena)


Escena Dos


(Entra un hombre vestido de traje, con el traje y la
corbata arrugada, nervioso se pasea por el escenario)


Hombre.— Ja (ríe) ¿Y son ustedes los que me juzgan? el
honorable congreso de la compañía, los que decretan la ley y la modifican a
diestra y siniestra, adecuándola para “el mejor y más razonable funcionamiento
de todo el personal”. Son ustedes apreciable jurado, quienes me juzgan. A mí, a
un simple empleado, un empleaducho como me restregó siempre licenciado Ruiz, un
empleado mudo que tan solo obedeció sus ordenes de falsificar nombres y desviar
cheques con cantidades estratosféricas a cuentas fantasmas que sólo el
honorable congreso aquí presente tiene acceso, con la amenaza de matarme si no
lo hacía. Y ¿todavía me juzgan a mí? ¿con qué ética, con qué moral? ¡Bola de
cerdos avariciosos! si les robe es para…, no, no, no, NO, a ustedes nadie les
roba ¿cierto? cometí el ultraje, la osadía de robarle a la famosa empresa,
claro, me atreví a robar la minúscula cantidad de 10 mil pesos, ¡qué osado, qué
atrevido, qué estúpido! robándome esa jalada, que no se compara con las
dimensiones de sus cuentas, ¡pero que imbécil, tremendo animal! ¿Cómo pretendí
curar a mi mujer de cáncer con eso? pero yo soy el juzgado ¿cierto? se vuelve
la ley contra mí, contra el imbécil, la mano de obra en este crimen, ¡qué
maldito animal que soy! viudo, desempleado y ahora un peligroso defraudador, un
ladrón, sin ética ni valores. ¡Qué mierda de hombre que soy!


(Cierra los ojos y baja la cabeza, sale del escenario en
actitud de derrota y esposado. Sale del escenario)


Escena Tres


(Entra una mujer sollozando que finge ser golpeada y
maltratada, cae al piso tres voces que no aparecen en el escenario, comienzan a
gritar)


Voz 1.— ¡Puta!


Voz 2.— ¡Maldita enferma!


Voz 1.— ¡Asesina!, ¡Maldita asesina!


Voz 2.— Ojalá sufras todo lo que él.


Voz 3.— Ofrecida, es tú culpa, todo tú culpa.


Voz 1, 2, 3.— ¡Culpable!


(La mujer alza la mirada y habla)


Mujer.— Yo no quería matar a mi hijo, yo no quería, él me
violó, ¿cómo iba a provocar a mi padrastro? ¿cómo iba saber que estaba enfermo
y que me contagiaría a mí? ¿cómo iba a saber que estaba embarazada, cómo? yo no
sabía que eso me iba a matar, yo no sabía, yo solo me quería morir, yo no
sabía, yo no sé. . . .



El viento retornó feroz al callejón, hojeando el
manuscrito, impidiéndole al hombre continuar con la lectura, logró apreciar que
eran varios actos, el libro comenzó a desprender hojas y hojas hasta tapizar
todo el callejón. El hombre espantado cerró los ojos un momento, sintiendo aún
el viento y el rozar de las páginas en su rostro, se armó de valor, dispuesto a
cerrar el libro, abrió los ojos velozmente y el escenario que visualizó ya no
era el de ese callejón cubierto de acotaciones, diálogos y actos.


Fondo negro, algunos faros iluminando al hombre, miró al
techo y pudo comprobar el color rojo del telón, una voz interrumpe la
inspección del lugar y dice:


— Muy bien, ahora lee tus líneas, fuerte y claro.


Entre sus manos sostenía una hoja, cuya inscripción le
gritaba al actor en escena:


“¿Dónde está la ética y moral?”





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