La cultura de la legalidad en Chihuahua

Por: Laura Yadira Diaz Diaz
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Derecho
Publicado: 2011-03-07 11:04:00

Nota: El siguiente ensayo pertenece al grupo de los tres ganadores
del concurso publicado por el Comité en Pro de una Cultura de la
Legalidad, denominado "Exprésate. La cultura de la legalidad en el
Estado de Chihuahua".





Desde la conquista de México hemos sido un pueblo fuertemente lastimado y degradado, sujeto de arbitrariedades y despojos.
Se nos ha catalogado como una nación carente de deseos de superación con una población mediocre y conformista.
Esto, entre muchas otras cosas, al impactar en el mexicano ha propiciado que en nuestra cultura se arraigue notablemente el individualismo, es decir, a grandes rasgos, que las personas buscamos satisfacer únicamente las necesidades propias sin importar las de la colectividad, e incluso, siguiendo un principio maquiavélico,  lograrlos por cualquier medio sin tomar en cuenta si éste último es ilegal, inmoral o afecta a terceros.
Así, el ser humano motivado por el placer, el poder y el tener realiza esfuerzos infinitos a fin de solidificar sus sueños y cubrir todas las metas planteadas, acción que por sí misma no representa un peligro para la sociedad, al contrario, es una labor laudable digna de ser reconocida e imitada.
La contrariedad acontece cuando las personas observamos que al igual que nosotros mismos, existen otras personas que están buscando la consecución de sus objetivos y que incluso algunos de ellos son idénticos o similares a los nuestros, como conseguir un empleo o comprar un automóvil, entonces pensamos que poco importa como obtener lo que deseo, aún cuando trasgreda derechos de otros o cometa un ilícito, se trata de una competencia que debo ganar respetando o no a mis compañeros contendientes, olvidando, que como una sociedad civilizada que nos jactamos de ser, hemos impuesto reglas para una pacífica y justa convivencia.
Quizá sea un contrato social como decía Rousseau, en el que los individuos hemos dotado al estado una parte de nuestra libertad para lograr un trato armónico dentro de los miembros de la sociedad, quizá sea una imposición de políticos y gobernantes o quizá sea una ficción, pero lo que nadie podemos discutir es que tenemos un cuerpo normativo que rige la conducta en sociedad, y no solo un conjunto de leyes nos marcan la pauta a seguir, también un legajo de principios morales, usos y costumbres.
Desgraciadamente para algunos nada importa esta normatividad. Si total, en un egocéntrico razonamiento, hay leyes que van en contra de lo que me propongo realizar y por tal motivo no se consideran dignas de ser respetadas.
Lo anterior dicho, no es exclusivo de un grupo específico de la sociedad, desgraciadamente este individualismo y la tendencia de apartarse del régimen legal no discrimina a nadie ni por su clase social, ni por creencias religiosas, ocupación, preparación, ni preferencias políticas o sexuales.
Se ha vuelto tan “normal” que inmersas en las conductas cotidianas se encuentren algunas que impacte negativamente a otras personas o de manera indirecta a la sociedad en general. E incluso, no satisfechos con violar leyes y normas, hoy en día hacemos mofa de aquellos que actúan siempre dentro del marco legal. Por tal motivo, en la sociedad, hablando más específicamente de la sociedad chihuahuense, actualmente se ha hecho hincapié en un concepto para mucho desconocido y para otros poco o nada trascendente. Me refiero a la tan nombrada como ignorada cultura de la legalidad.
Tal vez con solo escuchar estas palabras estemos en aptitud de formar una somera idea de lo que ellas envuelven, sin embargo, a continuación daré una definición sencilla y concreta a fin de uniformar ideas para lograr una mejor comprensión del texto.
La cultura de la legalidad es la aceptación jurídica y moral por parte de todos los ciudadanos a las leyes previamente escritas y aceptadas por la sociedad en un documento oficial
Esta aceptación se traduce en un cumplimiento de las leyes (que son una expresión de nuestra voluntad manifestada por quienes nos representan, es decir, los legisladores diputados y senadores) pero no únicamente de las normas jurídicas sino también, como ya lo había manifestado en otras líneas y lo trascribo de nuevo por considerarlo importante, de todos aquellos factores que de una u otra forma regulan la conducta, como los son la lógica, la moral, la costumbre y que en ocasiones escapan de las leyes existentes por no encontrarse estipuladas en alguna ley o código.
Para dar una mayor claridad citaré un ejemplo sencillo pero suficiente para esclarecer que no solo las leyes rigen nuestro comportamiento ante los demás.
Todos sabemos que para pagar los productos que adquirimos en un autoservicio es menester hacer fila para dicho acto, si nos “brincamos” la fila para adelantarnos a otras personas  no cometemos un delito ni somos merecedores a ninguna multa o sanción, puesto que no existe ley alguna que así lo disponga. Sin embargo, la mayoría podemos decir que este es un acto que afecta los intereses de la colectividad y que violenta la convivencia pacífica de la misma, por tanto se presume que dicha conducta no es admisible dentro del núcleo social, aunque no se encuentre enlistada dentro de ninguna ley.
Los seres humanos por naturaleza tenemos cierta tendencia a contravenir las reglas utilizando como estandarte la libertad que tenemos, pues a nadie le agrandan las limitaciones y prohibiciones. A raíz de ello frecuentemente nos apartamos de lo legal sin siquiera considerar que sea incorrecto.
Diariamente se observa que las personas nos vamos apartando cada día mas del seno de la ley, ya sea a través de violaciones explícitas a la misma, buscando huecos por los cuales vulnerarlas o simplemente ignorándolas por completo.
Al amparo del dicho que reza: “el que no tranza no avanza” justificamos nuestras conductas.
En chihuahua se ha visto fuertemente este desapego a las leyes.
El narcotráfico, los homicidios, los ataques violentos, la inseguridad, la corrupción, los robos, nos están gritando día a día que los chihuahuenses necesitamos reafirmar nuestra creencia por las leyes y en consecuencia adherirnos a las mismas, empezando por esas pequeñas cosas que son tan comunes pero que sin embargo no debemos acostumbrarnos a verlas como normales.
Dicen que un gran problema nunca surge de repente. Se va dando paulatinamente, siempre hay indicadores de que las cosas no marchan bien pero hacemos caso omiso hasta que ya están repercutiendo negativamente.
¿Pero que debemos hacer para formarnos y fomentar una cultura de la legalidad?
Primeramente, para tener un respeto por un ordenamiento jurídico es menester conocer dicho ordenamiento. Este conocimiento se da en varios niveles pues no es igual la noción que puedan tener un abogado y un arquitecto, o una ama de casa y un estudiante, sin embargo, todos podemos distinguir entre lo bueno y lo malo, esto nos marca ya una guía de lo que esta permitido.
Aquí cobran relevancia las instituciones educativas y los núcleos familiares para el fortalecimiento de la legalidad.
Indudablemente, el acercamiento a una cultura de legalidad implica un cambio radical de pensamiento en la sociedad entera, pues es degradante  tener la creencia de que solo actuando de manera incorrecta se pueda alcanzar la adquisición de metas. Idea que se ve reforzada con la cuestionable actuación de servidores públicos de todos los niveles de gobierno y en quienes recae una mayor responsabilidad de respeto a las leyes dando el ejemplo a todos los ciudadanos.
Debemos dejar de pensar que el cumplimiento de la ley y todas las demás normas y costumbres son una carga pesada y fastidiosa, para verlo como un trabajo que realizamos en beneficio propio, que a largo o corto plazo nos trae beneficios permitiéndonos la convivencia y el desarrollo en sociedad.
Una vez afianzado esto en nuestro pensar y actuar se torna necesario contagiarlo a los de más.
El estado grande al ser fronterizo alberga habitantes de toda la república mexicana e incluso de América latina que ven frustrado su intento por llegar al vecino país de Estados Unidos. Así, Chihuahua se convierte en cuna de una gran diversidad de culturas que dificultan aún más la convivencia por la variedad de ideas mezcladas en un determinado punto geográfico.
Las acciones para este contagio de legalidad deben intensificase con los foráneos  para que el tiempo que permanezcan en el estado lo hagan apegados a la ley y al mismo tiempo se forjen un sentido de pertenencia, pues se dice que estas personas que no se encuentran en sus respectivos estados son muy propensas a delinquir.
Hasta aquí hemos dicho que el acatamiento de la ley es sinónimo de cultura de la legalidad, pero no únicamente se reduce a ello también involucra exigir a nuestros pares la observancia del ordenamiento jurídico y señalar ante las autoridades correspondientes  a quienes no lo hagan de esta forma, inclusive, o con mayor razón a nuestros gobernantes, políticos, entre otros.
En cuanto a las acciones del gobierno que van encaminadas a la lograr una mayor cultura de legalidad entre la población se encuentra una especie de programa denominado la denuncia ciudadana (a la que ya hice alusión) que además de ser anónima para proteger nuestra integridad física y mental  nos ayuda a eliminar de la sociedad las conductas no deseables.
En últimos días podemos apreciar la participación del gobierno erradicando agentes corruptos de las diferentes corporaciones municipales y estatales a fin de que estos servidores públicos realicen cabalmente sus funciones y sean una guía a seguir, mostrando a los ciudadanos que quien no cumple con su deber como lo marcan las leyes es merecedor de un castigo.
Existe también un organismo público autónomo encargado de vigilar la actividad que realizan ciertos sujetos como los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, partidos políticos entre otros, denominado Instituto Chihuahuense para la Transparencia y Acceso a la Información Publica (ICHITAIP) que fomenta el buen actuar de los sujetos obligados haciendo este del conocimiento público pues como ciudadanos podemos solicitar información que sea de nuestro interés.
Estas acciones son sólo una muestra de las muchas más que se han emprendido en pro de la legalidad, que  pienso es importante mencionar, sin embargo, ningún mecanismo funcionará sin la participación activa de los ciudadanos, pero sobre todo con el compromiso personal de cada uno para ir cambiando poco a poco nuestro entorno.
Comenzando por las cosas que realizamos cotidianamente, esas que pasamos desapercibidas, como respetar los reglamentos de tránsito y los derechos de otras personas.
Recordemos que quien es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho.  (Lucas 16,10).




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