Cuatro botines, un freno y un aguijón

Por: Blanca Esthela Reyes Meraz
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Filosofía
Publicado: 2012-08-02 11:44:58

Cuando era pequeña recuerdo que mi padre iba a la casa, tomaba mi mano y mientras caminábamos decía:

— Vamos a que me ayudes a darle vuelta a la chirrina, porque mi ayudante amaneció bien crudo.

En la fragua, como le llamaba a su lugar de trabajo, me alzaba y colocaba en un banco de madera de donde colgaban mis piernas. Me dejaba justo donde podía tomar una palanca que giraba con la rapidez que podía para generar el aire suficiente que contribuyera a encender el carbón.


Mi padre fue durante años el herrero del pueblo. Fabricaba herraduras y frenos para caballos, así como espuelas para los jinetes. En aquel tiempo era más común en la región el uso de los caballos para realizar trabajos en el campo y para trasladarse de un lugar a otro. Hoy, el trabajo de mi padre, sería escasamente solicitado.

La fabricación de los accesorios para los caballos, era un proceso bastante laborioso. El herrero, como le decían a mi papá, elaboraba desde el carbón para calentar el hierro dulce, hasta el retoque con pintura de aluminio y otros adornos, para que no sólo lucieran resistentes, sino una obra de arte.

El carbón se obtenía después de quemar leña de táscate, árbol grande que puede medir hasta 20 metros, la corteza del tallo es de color oscuro, su tronco es corpulento, su verdadero nombre es Juniperus deppeana. Todo el año está verde, crece en los cerros, en lo plano, a orilla de los ríos y arroyos, en terrenos pedregosos, en los barrancos, siempre en lugares muy fríos. Mi padre obtenía los troncos en los aserraderos del lugar y los partía con el hacha en fragmentos lo suficientemente grandes para colocarlos en forma de pirámide y los vigilaba constantemente para que no fueran consumidos totalmente por el fuego, sino que quedaran al punto de carbón.

Mi punto estratégico era lo que se conoce más adecuadamente como fragua (aunque los lugares donde trabajan los herreros, también se les llaman así) que es un fogón que usaba para forjar los metales. Generalmente es un mueble de ladrillo o piedra, pero mi padre prefirió el adobe, está cubierto de rejillas en el cual se aviva el fuego pasando una corriente de aire horizontal por medio de un fuelle (soplo) manual. Es como si al asador, común en los parques públicos, le colocamos un pequeño conducto en forma horizontal y por el extremo contrario donde está el carbón, le soplamos casi tan fuerte como el lobo feroz.

Existen varios tipos de hierro: el dulce que posee la suficiente rigidez para no doblarse al penetrar en la pared del casco, y la ductilidad necesaria para poderlo doblar varias veces sobre si mismo sin que se rompa. No se utiliza en la fabricación de herraduras por ser demasiado blando. Por otro lado se encuentra el hierro acerado, según sea su contenido en carbono (entre 0,2% y 1,7%), se clasifica en semi-dulce, semi-duro y duro. El acero de herrería contiene entre el 0,2 y el 0,5% de carbono. En la actualidad sigue siendo el material más frecuente en la fabricación de herradura. Es un material que posee la propiedad de poder ser forjado (moldeado) y martillado cuando está muy caliente (al rojo). Funde a temperatura mayor de 1,500 oC, es poco tenaz y puede soldarse mediante forja.

El hierro en forma de varilla era colocado entre el carbón que estaba bien rojo gracias a mi ayuda; cuando se confundía con el carbón, era muestra que estaba listo para tomarlo con las pinzas y colocarlo sobre el yunque. Había diferentes tipos de marros, el grande para aplanar la varilla y el pequeño para los detalles. Mi padre era un hombre grande y corpulento, de lo contrario, casi imposible levantarlo una y otra vez en pequeños intervalos. Tenía que aprovechar la temperatura del hierro para lograr el objetivo. Recuerdo que la fragua parecía el conducto de humo de una chimenea, la luz que entraba por la ventana y la puerta, no era suficiente para iluminar el lugar, gracias a esto, disfrutaba de los pequeños destellos que se desprendían con cada golpe del marro.

No sucedía lo mismo con el ruido que era intenso y al principio me asustaba. La intensidad de percepción de un sonido por el oído depende de la distancia a la fuente sonora. La energía vibratoria emitida por la fuente se distribuye uniformemente en ondas esféricas cuya superficie aumenta proporcionalmente al cuadrado de sus radios; la energía que recibe el oído, es por consiguiente, una fracción de la energía total por la fuente, tanto menor cuanto más alejado está el oído. La fragua tenía dimensiones de 6 metros de ancho por 14 de largo.

Después de varios marrazos la herradura estaba lista, incluyendo las hendiduras por donde entrarían los clavos. Había retomado casi su color original, pero eso no era señal de estar totalmente fría. Se debe tener la precaución de no enfriarlo bruscamente ya que aumenta en exceso su dureza y la capacidad de deslizamiento sobre superficies duras, disminuyendo la absorción de vibraciones, por lo que mi padre lo sumergía varias veces.

Un proceso similar al de la elaboración de la herradura, pero con el hierro dulce, utilizaba para los frenos, las espuelas y el fierro para herrar ganado.

Los frenos son aquellas que llevan los caballos en el hocico y que sirven para colocar las riendas que lo controlan; las espuelas, son para que los jinetes puedan aguijonear al caballo, reaccione y empiece a correr, de preferencia el jinete debe colocarlas en el calzado apropiado, como las botas. El fierro para herrar es el sello que relaciona al caballo (o al ganado) con su dueño, por lo general son las letras de su apellido, se coloca en la cadera del animal después de calentarlo lo suficiente.

Las espuelas son como los botines del caballo, se clavan o pegan en el borde de los cascos de los caballos y sirven como protección contra el desgaste y la rotura, a diferencia nuestra, estos zapatos no necesariamente deben estar relucientes, son más bien como la suela de nuestro calzado. Los frenos del caballo y las espuelas del jinete, pueden ser obras de arte y para ello se le colocan adornos adicionales. Mi padre, para que relucieran igual a la plata, los coloreaba con pintura de aluminio. Tarea que disfrutaba más que dar de vueltas a la chirrina.



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