La muerte

Por: Blanca Esthela Reyes Meraz
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Filosofía
Publicado: 2014-04-03 10:00:00

La muerte es uno de los temas favoritos de los mortales. Las incógnitas llegan a parecer insolubles, porque casi en forma automática a cada respuesta le precede una pregunta aún más complicada. La muerte es un tópico tan común y sobre el cual la mayoría de los individuos conserva una opinión o todo un tratado.

El pensamiento de Epicuro es uno de los más aceptados por su practicidad. El filósofo griego dice: No hay que inquietarnos, pues es una liberación de todos los males y de todos los dolores, ya que nada existe después de la vida. La muerte, pues, el más horrendo de los males, en nada nos atañe, pues mientras nosotros vivimos no ha venido ella, y cuando ella ha venido, ya no vivimos nosotros”. A la muerte no hay que darle la mayor importancia porque cuando ella es la vida no es y cuando la vida es, ella no es.

La antesala de la muerte, es la agonía. Para quien la experimenta en carne propia, es la forma más cercana al objeto de estudio, para quienes la perciben en otros, es complicada porque el dolor se imagina.  Es así como los principios de Epicuro se pueden aplicar a la persona en particular, pero cuando la muerte es o no es en otros, es difícil aplicar aquella disyunción.

Cuando a la muerte le antecede el marcado sufrimiento de la agonía en inocentes que llevaron una vida ejemplar, surge la duda sobre quién decide sobre ella. Para Epicuro “… son inútiles las oraciones, los sacrificios y los actos de culto...” porque a Dios no le importamos. ¿De dónde proviene la existencia de todos los males y por qué Dios no los impide? No puede ser posible que Dios pudiendo evitar los males no lo haga, porque sería envidioso e impotente, contrario a él. Entonces la respuesta más obvia para el filósofo, es que no existimos para Dios.

Cuando se percibe a la muerte cercanamente, se desea no ser humano para no tener conciencia de ella. Fernando Savater ilustra este pensamiento diciendo que no es mortal quien muere, sino quien está seguro de que va a morir. Que los auténticos vivientes somos sólo los mortales, porque sabemos que dejaremos de vivir y que en eso precisamente consiste la vida.

Recuerda que la muerte de otros es intransferible. Cada quien tiene su muerte y será hoy, mañana o dentro de varios años. La muerte es absolutamente personal e intransferible: nadie puede morir por otro.

Es posible que hoy sea más acorde una visión individualista de la muerte como producto de los cambios sociales dentro del mundo global y el egoísmo que lo caracteriza. Mayormente el otro importa solo en función de su utilidad.

Erick Fromm en su obra Ser o Tener analiza el temor a la muerte como afirmación de la vida. Dice que no sentimos miedo a morir, sino a perder lo que tenemos; el temor de perder mi cuerpo, mi ego, mis posesiones y mi identidad: de enfrentarme al abismo de la nada, de perderme.

Confirma el egoísmo o egocentrismo del que está presa la humanidad y que hace lo posible por lograr la inmortalidad. Dice que el deseo de inmortalidad, profundamente enraizado, se manifiesta en muchos ritos y creencias que intentan conservar el cuerpo humano… la negación moderna de la muerte mediante el embellecimiento del cuerpo señala igualmente la represión del temor a morir disfrazando la muerte.

Considera que sólo hay una manera de superar verdaderamente el temor a la muerte, que consiste en no aferrarse a la vida ni experimentarla como una posesión. La pérdida del miedo a morir no debe comenzar como preparación para la muerte, sino como esfuerzo continuo por reducir el modo de tener y aumentar el modo de ser. Declina analizar la muerte de un ser querido por considerarlo un sufrimiento insoluble. Los sufrimientos que nuestra muerte les puede causar a quienes nos aman.

Francisco Larroyo, filósofo mexicano, no percibe la muerte en forma individualizada. Observa cómo una muerte afecta a la comunidad, al prójimo, al otro. Una comunidad familiar, por ejemplo, se reduce con la muerte de un miembro. El hombre se va muriendo en los demás; pero también en los demás renace.

Comenta que la persona humana posee, como ingrediente de su ser, la comunidad y comunicación con el prójimo. Se vive en parte por la comunidad y comunicación recíproca. Al morir aquél, el prójimo, la comunidad de vida se reduce en mayor o menor medida ...la vida decrece de inmediato, al romperse mi nexo vital con esta persona; pero esta comunidad era yo mismo en cierta medida y en esta medida siento la muerte en el interior de mi propia existencia es la existencia de la muerte en la soledad que la pérdida revela.

La experiencia de la muerte es la convicción íntima y emotiva de tener que morir: una experiencia angustiosa que conmueve la carrera sin oscurecer la mente. El hombre lleva la muerte al costado, sabe que le va pisando las sombras; la muerte, en otras palabras, está presente en la vida, revela.

Lou Marinoff es profesor de filosofía en el City Collage de Nueva Cork y pionero en el movimiento de la filosofía práctica en Estados Unidos. Más Platón y menos Prozac es una de sus obras. En el capítulo dedicado al análisis sobre la forma de cómo sacar provecho de las pérdidas, cuenta que una afligida madre lamentando la muerte de su bebé busca consejo de Buda. Este le pide que llame a todas las puertas del pueblo y pida una semilla de sésamo en cada casa en la que no se haya conocido la muerte. La mujer regresa sin semilla alguna y Buda le dice lo que ella ya había comprendido: que no está sola. La muerte es algo que alcanza a todos, a cada familia, es solo cuestión de tiempo.

En occidente, el tema de la muerte siempre horroriza a las personas. Gusta como pasatiempo y se hartan de ver escenas violentas en la televisión, en el cine y en los juegos de video.

Pero si se saca a la muerte de la pantalla y se traslada a la vida real, no se es capaz ni de mirarla. Así pues, navegamos en el buen barco de la navegación, pensando que la vida no tiene fin, que la muerte no existe o que no nos alcanzará a nosotros”.

Helen Buss Mitchell, filósofa estadounidense, en su tratado sobre la muerte relata que en Estados Unidos se ha generado un gran interés por lo que han contado personas que han estado cerca de la muerte o que incluso han muerto clínicamente y han vuelto a la vida. Casi a una voz, los que han tenido una experiencia tal describen la muerte fácil y hasta jubilosa, e insisten que ya no le temen.

La experiencia, sin embargo, no ha hecho que deseen morir; más bien tal parece que se intensifica su compromiso de vivir al máximo. Estas personas han viajado al más allá y dicen que es maravilloso, pero aún así se aferran a la vida, o han dejado de temer a la muerte o han amado más la vida después de conocerla. Lo interesante de estos relatos es que los niños en particular son testigos apremiantes por cuanto hablan de sus experiencias tan desapasionadamente.

El hinduismo y algunas escuelas de budismo proponen la muerte del cuerpo pero no la del espíritu. El budismo clásico nos enseña que la muerte no existe, porque el yo no existe. El yo personal el ego (con todos los recuerdo, deseos, anhelos, ansiedades apegos y proyectos) es un espejismo embriagador que nos ciega y nos distrae de la imperturbable realidad de la conciencia pura. La fe judeocristiana cree en la vida después de la muerte.  Platón, Pitágoras, Empédocles y otros griegos antiguos creían en la trasmigración de las almas (por ejemplo, la reencarnación).

Los mexicanos veneran a la muerte. Es característico de la cultura del mexicano las ofrendas, cantos, honores, prosas, versos, poemas, cuentos y dibujos. Todo dedicado a la muerte. Se consagra un día especialmente para visitar a los muertos. Los panteones en México lucen ese día como paraísos. Colmados de flores y gente que disfruta de la apacibilidad de los cementerios.

Eduardo Merlo Juárez, arqueólogo mexicano, dice que según la creencia de la civilización mexicana antigua, cuando el individuo muere su espíritu continúa viviendo en Mictlán, lugar de residencia de las almas que han dejado la vida terrenal. Dioses benevolentes crearon este recinto ideal que nada tiene de tenebroso y es más bien tranquilo y agradable, donde las almas reposan plácidamente hasta el día, designado por la costumbre, en que retornan a sus antiguos hogares para visitar a sus parientes. Aunque durante esa visita no se ven entre sí, mutuamente ellos se sienten.

El estudioso comenta que el calendario ritual señala dos ocasiones para la llegada de los muertos. Cada una de ellas es una fiesta de alegría y evocación. Llanto o dolor no existen, pues no es motivo de tristeza la visita cordial de los difuntos. La exagerada hospitalidad de los mexicanos es proverbial. Ésta se manifiesta a la menor provocación, aún más si los visitantes son sus parientes ya fallecidos. Hay que deleitarlos y dejarlos satisfechos con todo aquello que es de su mayor agrado y asombro: la comida.

Las teorías genetistas (futuristas) señalan que somos eternos, el cuerpo se desintegra después de cierto tiempo, pero el código genético se puede obtener de un cabello, de los huesos o de la sangre si es almacenada. El código de cada ser humano es único y según la ciencia y la tecnología en un futuro se puede reconstruir a cada persona a partir de esta información. Por otra parte, investigadores han descubierto un animal marino que vive más que cualquier ser humano debido a la regeneración de sus células, en el se busca el llamado elixir de la vida que aplicado a los seres humanos puede alargar su período de existencia hasta después de doscientos años.

Aún cuando la mayoría adora la vida con todo y sus dificultades, después de determinado tiempo, se añora la muerte. Cuando mueren aquellos con quienes se ha compartido un trozo de vida, no tiene sentido continuar. Con la vejez la calidad de vida disminuye y con ella su sentido. Así, bienvenida la muerte. Pero qué cuando muere alguien que aún no debería morir? reinicia el círculo y se entiende que a la muerte se le comprende en parte y por parte de cada ser viviente.

Los mortales experimentamos la muerte en propios y extraños, esta es la forma en que la conocemos. Cada quien su propia muerte no la conoce, se conoce en vida y en otros. ¿Significa eso conocer la muerte? De la vida después de la muerte, se conoce poco.  

Popularmente se comenta que la muerte debe ser mas placentera que la vida, pues nadie regresa de ella, en cambio casi a diario vemos aquella aparecer de forma natural o violenta, en culpables o inocentes, en viejos, jóvenes y niños.




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