El miedo en la obra de "Leviatán" de Thomas Hobbes

Por: Luis Octavio Barraza Estrada
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Filosofía
Publicado: 2011-03-07 11:04:00

Introducción



La obra “Leviatán” es sin duda un excelente libro con propuestas y análisis interesantes aún hoy en día. Ya sea en el estudio del derecho, en las aulas de filosofía o como referencia para escritores podemos referirnos a esta obra como un paradigma: antropológico, religioso, político y por qué no, representativo de la época en la cual fue escrito.



Una frase clave  para iniciar este ensayo es la siguiente:


“Se adscribe absurdamente a las cosas inanimadas apetencia y conocimiento de lo que es bueno para su conservación (lo cual es más de lo que el hombre tiene)”(1)


Esto lo dice refiriéndose a lo que proponían los escolásticos. La clave aquí da vueltas alrededor de la frase “es más de lo que el hombre tiene” pues, ¿acaso el hombre no posee la capacidad de decidir lo mejor para si mismo?; esta duda me ha nacido a lo largo de todo el texto.

No puedo evitar mi simpatía con la idea de un poder soberano y la institución de un Estado (2), y aún más creo que entiendo el motivo primordial de esta propuesta y necesidad: el miedo.


¿Cómo puedo hacer una afirmación tan aventurada?, pues bien, la idea de la búsqueda de seguridad está latente a lo largo de la obra, es el hombre el animal cuya actitud es desenvolverse en sociedad, y es está misma tendencia su yugo y su liberación.

La confianza en el otro es una necesidad, pues al sentarnos en el autobús confiamos en la decencia de la persona detrás nuestro lo suficiente para creer que no nos matará o escupirá. Y es necesario hacerlo para no terminar con una paranoia crónica. Aún cuando la confianza adquiere el nivel de necesidad básica en sociedad, es la virtud contraria la cual nos permite sobrevivir.

Al caminar por la calle a media noche podría otorgar a la humanidad todo mi confianza, pero aún así en este caso lo que me permitiría llegar seguro a mi destino sería la desconfianza; el miedo.

Hay un miedo desencadenante de enfermedades mentales, a este se le llama pánico y no tiene nada que ver con aquello a lo cual me refiero.


Hobbes explica la desconfianza refiriéndose a la igualdad entre los hombres. Habla de la igualdad y de cómo ésta se impone pues “la prudencia no es sino experiencia” al igual que la sabiduría, y en cuanto a la fuerza corporal se refiere “el más débil tiene bastante fuerza para matar al más fuerte” (3) de una forma u otra. La conclusión de esto es la igualdad entre los hombres, y si todos somos iguales y en dado caso más de uno deseamos lo mismo y podemos disfrutarlo en igualdad de aquí nace la enemistad, desconfianza (4), miedo a perder lo propio.


El miedo

Al inicio del escrito mencioné “apetencia y conocimiento de lo que es bueno para su conservación” como virtud dudosa en el hombre. Lo que el hombre sí sabe es que necesita seguridad, quizá no sepa como conseguirla, pero la busca.

Tenemos fronteras, rejas en nuestras casas, bardas, cerraduras y todo esto ¿por qué?, por el miedo. No deseamos perder nuestros bienes, ni nuestra vida, ni la de los nuestros.


Me fue imposible como ciudadano Chihuahuense no relacionar el texto de Hobbes con la situación actual en esta ciudad. Me pregunte si acaso vivimos aún en un estado de civilidad.


Observé los titulares de los principales diarios y algunos análisis políticos actuales y me encontré con una analogía sorpresivamente exacta con las causas propuestas en el “Leviatán” de discordia en el hombre: competencia, desigualdad, la gloria.

Estos factores mencionados por Hobbes considero se presentan en nuestra sociedad en el mismo orden: la política, la crisis (pobreza) y la lucha entre el crimen organizado.

Quizás estoy siendo un poco o totalmente anacrónico, pero la mejor forma que hallé para comprender el texto fue en relación con la realidad percibida.

Siguiendo mis pensamientos me cuestioné acerca del soberano tan deseado. Y caí primeramente en la figura presidencial. Recordé a Maquiavelo y las virtudes del príncipe, las comparé con las virtudes del soberano y concluí con un lamento al no encontrar ninguna de ellas en  nuestros gobernantes, ni en el actual ni en el anterior.

La falta de un gobierno “justo” nos lleva a la incertidumbre, nos está llevando (si no es que ya estamos ahí) al nombrado “estado de guerra”.


Lex et jus

“La guerra no consiste solamente en batallar, en el acto de luchar, sino que se da durante el lapso de tiempo en que la voluntad de luchar se manifiesta de modo suficiente” (5).


La paz es un anhelo universal, religioso y social, guerra y paz son antagónicas de la humanidad, se busca una por la otra en un ciclo histórico.

Hobbes dice que la paz es inherente a la seguridad (6).  No es nada nuevo vernos envueltos en una situación de inseguridad y miedo, incluso hace apenas cien años, estábamos en medio de una guerra. Si comparamos la sociedad actual con la sociedad de hace cien años (por ejemplo), la principal diferencia que encontraremos será la existencia de una propuesta de sociedad civil. Y digo propuesta porque del deber al correcto hacer, hay un mundo.

Dentro de los conceptos elementales en Hobbes con respecto a este tema tenemos: “lex naturalis” (ley de naturaleza o ley en virtud de la razón), “jus naturale” (libertad).  


Sin ahondar mucho en estos términos sino utilizando su definición entre paréntesis,  es imperativo recuperar la “lex naturalis” desde hace tiempo, pues a pesar de tener una constitución con derechos y obligaciones, hay dos principales problemas: no se cumplen las leyes y nuestra constitución es un tanto anticuada.

En nuestro Estado hay un uso injustificado de la “libertad”, tanto así que las armas proliferan de nuevo y muchos se creen con el derecho de utilizarlas para quitar la vida o amenazar a los demás.

Estamos viviendo al pie de la letra lo que Hobbes describe, hemos renunciado a algunos derechos con la esperanza de conseguir otros, nuestras calles están inundadas de soldados que entran a nuestros hogares o revisan nuestros vehículos, esto bajo la justificación de que nos traerán el tan anhelado estado civil de civilidad.


Tenemos el “contrato” y el “pacto”, pero ambos nulos por la incompetencia de un poder que obligue a su cumplimiento total.

Dios Soberano

El soberano, idea principal en el texto de Thomas Hobbes, es planteado como una necesidad. Tanto por la incapacidad de la generalidad de los hombres de saber lo mejor para su conservación como por la dificultad de ponerse de acuerdo en los asuntos generales.

El soberano debe ser fuerte, sabio, justo (con buen arbitrio)  y como representación del Estado luchar por la vida armónica, la seguridad de los demás, y el correcto uso del poder.

En general para los hombres Hobbes menciona una regla (misma revelada a lo largo de la historia de la humanidad de una u otra forma) “no hagas a otro lo que no querrías que te hicieran a ti”. Por el momento, dada nuestra imposibilidad para cumplir este imperativo (categórico en la ética Kantiana), el Soberano es nuestra mejor alternativa. Por lo menos eso creía Hobbes.


Conclusión

Mi educación religiosa me ha llevado a cierta conclusión en cuanto al
poder soberano. Dejando un momento de lado el estado, en una
autorreflexión, quise buscar ese soberano tan necesario en el
gobernante, me di cuenta de mi error, traté de buscarlo en otra persona
y tampoco lo encontré, luego deseé descubrirlo en una institución y aún
considerando familia, religión y otras similares me fue difícil
conciliar ciertas ideas y modos de proceder claramente injustos.


Al cabo de un tiempo y tras el diálogo con distintos compañeros, se me ocurrió una idea la cual me pareció bastante aplicable, por lo menos en mi persona.


Mi idea no muy brillante por su originalidad sino por haber sido fruto de mi “conocimiento” personal fue que el soberano tan necesario debía de ser Dios.


Esto teniéndolo como regidor de nuestra vida y principal motivo para cumplir el imperativo de actuar como deseemos ser tratados. El hombre que tiene a Dios como su guía realmente es una mejor persona en cuanto a su conducta respecto a los demás y a él mismo.


Esta podría ser una búsqueda más factible en cuanto a ética se refiere. Actitud religiosa, claro está, pero el mismo Hobbes fue un personaje bastante religioso.

No puedo, sin embargo, suponer que esto que propongo sea útil para el resto de la humanidad. Aunque mi ética y creencias personales me dictan que sí, mi razón en base a la diversidad de los seres humanos me recuerda lo difícil de encontrar la misma utilidad en lo que fue bueno para uno, como para los demás.

La lectura del “Leviatán” me llevo a diversas conclusiones, en lo particular la más importante fue la anteriormente dicha soberanía de un dios. En lo general, la ya citada a lo largo del ensayo, similitud entre el estado de guerra y la situación actual de México, específicamente Chihuahua.

Tratar acerca del miedo fue el motivo principal de mi trabajo y dejar sentadas las siguientes ideas presentes en el libro y en la sociedad:



  • El miedo es el principal motivo para buscar leyes, esto se deja claro ya anteriormente.

  • El miedo en el ser humano se manifiesta en la búsqueda de la seguridad.

  • La desconfianza es, paradójicamente, tanto la base de la seguridad como de la guerra.

  • Es necesario un gobierno justo o rígido en la medida de tomar decisiones inapelables y benéficas para la generalidad de los hombres.

  • Las virtudes de un poder soberano son casi divinas. Después de lo analizado me ha quedado muy clara la dificultad de encontrar un sólo hombre que lograra organizar un estado civil.

  • El hombre religioso, puede en lo particular encontrar un soberano en la figura de un dios.


Es necesario buscar  una solución a los problemas que ha generado mala organización política. Está bien clara la juventud de México y su diferencia en cuanto a otros países.


Poseemos ya una separación de poderes, por lo que la soberanía no se limita a un sólo hombre. Esto representa una ventaja, pero a la vez veo necesario recuperar la figura del soberano por lo menos viéndola reflejada en nuestros tres poderes.

El miedo por otro lado, junto con la inseguridad será garantía por lo menos de que buscaremos eliminarlo o reducirlo.


La sociedad y la búsqueda de figuras representativas de nuestros derechos deberían representar ese monstruo implacable de los mares; aún así el cambio debe empezar en nosotros. Exigiremos nuestra seguridad renunciando como dice Hobbes a algunos derechos en pro de otros, para que el “Leviatán” nos proteja, nos otorgue un estado de civilidad con todo lo que eso implica y no solamente un poder caricaturesco merecedor de burlas. A esto yo diría, debemos ser los primeros en respetar a la “bestia” pues en ella se garantizará nuestra seguridad.

En el ir y venir de paz a guerra y de guerra a paz el hombre utilizará, como ya se ha demostrado a lo largo de la historia, esa imaginación inteligente para lograr una sociedad segura y sin miedo. Después de todo este es el verdadero objetivo del “Leviatán”.


En un mundo de iguales la armonía indicaría la supresión del deseo, de las pasiones y del miedo. Este ideal no existe por lo cual queda clara por lo menos por el momento una forma de conseguirla: diseñar leyes reales, racionales y hacerlas cumplir.

1. “Leviatán”, p.9
2. Ídem, pp. 140-142
3. Ídem, p. 100
4. Ídem, p. 101
5. Ídem, p. 102
6. Ídem, p. 102

Bibliografía:

Hobbes Thomas: “Leviatán”, Fondo de cultura económica, 1982, Traducción de Manuel Sánchez Sarto.





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