El juego como iniciador de una cultura de la legalidad

Por: David Adrián García Molina
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Letras Españolas
Publicado: 2011-03-07 11:04:00


La cultura de la legalidad es un tema que nos compete a todos dentro de la sociedad, pues es la comunidad la que dicta la cultura, y en este caso también, la que dicta qué está bien y qué está mal; es decir, todos somos responsables de cómo se aplica la ley en nuestro estado, pero sobre todo, de qué ley se aplica.
Sin embargo, son algunos de los organismos de la sociedad los que deben interesarse más por este tema tan importante, y en primer lugar están las instituciones educativas.
La legalidad debe ser parte del esquema educativo desde los niveles básicos, como parte de una formación más amplia al respecto. Si desde la infancia enseñamos a los niños a cumplir con la ley esto será algo natural y por lo tanto se evitarían posteriores problemas de conducta o de incumplimiento por falta de conocimiento.
Aún así, todos debemos cumplir la ley, no importa si no la conocemos ampliamente. Por esto, se debe hacer una campaña donde se instruya a la sociedad acerca de la ley, de una manera fácil de comprender y que nos permita a todos entender cómo funciona el sistema de justicia de nuestro Estado.
De esta forma, los medios de comunicación, las instituciones gubernamentales y organismos independientes apoyarían en la difusión de la legalidad por todos los medios disponibles.
Como parte de la cultura de la legalidad está también incluida una concientización acerca de lo importante que es el que estemos todos sujetos a un estado de derecho que nos debe garantizar que el ejercicio del poder está sujeto a la ley y no a la voluntad de los titulares de dicho poder.
Es nuestra obligación exigir a las autoridades que hagan lo que les corresponde, que cumplan con sus obligaciones y que vean por el bien de la comunidad, pero también debemos cumplir nuestra obligaciones dentro de la ley, como pagar impuestos, para poder exigir a las autoridades.
Sólo con una convicción general de qué es lo correcto se puede lograr una cultura de la legalidad, y pienso que la mayoría estamos de acuerdo con lo que es correcto: es algo que nos dicta lo que llamamos “conciencia”, pero que, si nos fijamos bien, es realmente el proceso de enseñanza que tuvimos tanto en nuestro hogar como en la escuela y en la convivencia con otros compañeros.
Pero ese no es el único paso, se debe también colaborar en la construcción de una sociedad más justa, segura y próspera, y se debe empezar por los que en el futuro serán los responsables de nuestro estado: los niños.
En los niveles básicos de educación ya se difunden los artículos principales de la constitución, pero en la mayoría de los casos no se hace de una manera adecuada y por lo tanto no resulta en beneficio para los niños, que no se interesan por el tema y no lo entienden a plenitud.
En lo personal creo que se debería modificar el esquema educativo para mejorar el aspecto referido a la cultura cívica y ética que se difunde en las instituciones; con esto se podría ver más a fondo la ley y se aplicarían mejores técnicas que se hicieran a modo de que los alumnos, de una forma divertida, entiendan las leyes.
Muchos podrían decir que este no es un tema con el cual se pueda (o se deba) jugar, y estoy de acuerdo en la parte que se refiere a la seriedad del asunto, pero también estoy completamente seguro de que la constitución y el sistema jurídico de nuestro país y nuestro estado son dos temas ricos en material adaptable al juego.
Freud afirmaba: “Todo hombre es su infancia”, con lo que se refería a que los patrones de conducta adquiridos durante la primera etapa de su vida serían repetidos constantemente durante la edad adulta. Con este razonamiento podemos llegar a la conclusión de que un niño que desde pequeño se acostumbre a seguir reglas lo hará el resto de su vida.
El juego, por su parte, se basa en reglas. Todos los jugadores de futbol deben saber que no se puede tocar la pelota con las manos a menos que seas el portero. Si alguien lo hace es amonestado por los demás jugadores de diferentes maneras, por lo que se evita esa conducta precisamente para evitar el castigo.
Para Piaget e Inhelder los juegos de reglas se sitúan como importantes de cara a la socialización del niño, teniendo en cuenta que los intercambios sociales del nivel preoperatorio son de carácter pre cooperativo, es decir, a la vez sociales, desde el punto de vista del sujeto, y centrados sobre el propio niño y sobre su actividad propia, desde el punto de vista del observador.
En el juego otro punto importante es el rol. Una niña que juega con sus muñecas adopta en ocasiones el rol de madre, y se comporta como ella ve que se comporta su madre, o las figuras maternas más cercanas.
Hay que resaltar que el juego es uno de los principales métodos de enseñanza en la actualidad. Así, en un juego donde se explique el sistema legal de nuestro estado se deben simular las reglas reales y deben asignarse roles dentro del mismo marco. De esta forma será más fácil para el maestro enseñar la legalidad y más fácil para los niños entenderlo.
Es necesario que el maestro sepa jugar, sepa involucrarse con sus alumnos y que pueda realmente conseguir su cometido en la enseñanza de la ley. Por esto, el maestro debe tener un rol dentro del mismo juego, que le permita, desde su papel de observador-mediador, interactuar con los participantes y verificar que las reglas sean seguidas al pie de la letra. Pero se debe evitar el que los niños, agobiados por un sinfín de reglas a seguir, dejen de utilizar su imaginación y se amolden a patrones de conducta igualitarios que en un futuro impida la creatividad en el individuo, tan necesaria para el progreso de la sociedad.
Además, si se empieza con la enseñanza de la ley desde pequeños, cuando esto se quiera aplicar en el nivel medio superior y superior, será algo mucho más sencillo, en el que los alumnos tendrán un conocimiento previo y a partir del cual podrán aplicar un juicio crítico que los lleve a reflexionar y permita ciudadanos responsables de sus actos, y generadores de ideas para mejorar un sistema jurídico que está inmerso en la vida de todos nosotros.
Si se aplican medidas como las que presento en este ensayo, en un futuro no muy lejano veremos cómo la sociedad evoluciona y da un paso más hacia el mejor funcionamiento del sistema, empezando desde la base del problema. Y repito, es importante que todos los ciudadanos nos involucremos en la enseñanza, y por cierto también en el aprendizaje, para que los resultados sean palpables y cercanos a nosotros.
En conclusión, la cultura de la legalidad en el estado de Chihuahua es algo que corresponde a todos los chihuahuenses, y que debe empezar desde la infancia, como parte de una educación integral.
Lo importante, sin duda, es trabajar el futuro en el presente.


Bibliografía:


PIAGET, J. e INHELDER, B.; Psicología del niño. Madrid, 1984. Ed. Morata. 12ª edición







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