36.3 grados Celsius

Por: David Alejandro Martínez Rodríguez
ffyl
Letras
Publicado: 2011-03-07 11:04:00

Un hombre norteamericano de la mitad del siglo pasado escribió un libro, una novela, donde se asignaba un papel paralelo a la función de los bomberos en la sociedad. Se trata, como alguno se habrá adelantado a adivinar, de Fahrenheit  451 (temperatura a la que arde el papel). En esta novela el cuerpo de bomberos se dedicaba, no a apagar incendios, sino más bien, a quemar libros. Pues bien, en mi ciudad, una ciudad que de mañana parece pueblo, también tiene otra función este departamento de Protección Civil. Lo más tremendo es que Fahrenheit 451 es ficción – no dudo que en poco tiempo pueda llegar a ser verdad; pero por lo pronto no ha ocurrido—, mientras  que, lo que ocurre en Chihuahua, ya que de Chihuahua estamos hablando, es tan cierto como las ganas que me mueven a relatarlo.
En Chihuahua no se queman las casas. A no ser del incendio ocurrido, ya hace varios años, en la calle Libertad, y en el que vi incinerarse  la vida de dos bomberos,   no se ha registrado uno  en largo tiempo.  Pero en Chihuahua suenan las sirenas de las bomberas todo el día. Hoy mismo las he oído. Quizá eso me animó más hoy, que otro día, a escribir. Y es que, aquí, se ocupan de un trabajo, que aunque terrible, es necesario para la paz y clama social. Es tanta la demanda del servicio que presenta la ciudad, que ha habido días en los que atienden más de 6 ó 7 casos en una misma  tarde. Son héroes, o al menos ciudadanos admirables. Pero no crean que el procedimiento sea distinto al de cualquier otro cuerpo de bomberos, en cualquier otra ciudad donde sí se queman las casas. En la estación Santa Rosa, por mencionar alguna de las cuatro o cinco que hay en la ciudad, hay 3 turnos de 8 horas. Cada turno con 16 bomberos listos para reaccionar al instante en el que suene la sirena. Hay dos bomberas, cada una con capacidad de 10 mil litros de agua y espacio para 12 tripulantes.
Quizá en urbes más grandes parezca poco, pero, como he dicho, Chihuahua es un pueblo un poco más grande que cualquier otro. Los niños ven pasar las bomberas y juegan a ser bomberos, con las mangueras de sus jardines se mojan entre ellos, y a las aceras, paredes y ventanas de sus casas lanzan los chorros de agua. A veces sus mamás los regañan, pero únicamente son niños y juegan. Las llamadas de emergencia, rara vez las hacen los habitantes, es Protección Civil, muy atento, el departamento que se encarga de estar al tanto de cuándo se necesita la urgente intervención de los bomberos. Con la misma prisa y puntualidad con la que se atendería un incendio, los bomberos limpian la sangre de los acribillados; la que se queda como costra en el pavimento, o en las paredes y ventanas  de las residencias. Los fuertes chorros de agua golpean de tal manera las manchas, ya no tibias, de sangre y las van despegando. En fracción de una hora quedan despintados los espacios del crimen.
Ellos afirman que su trabajo es muy parecido al de cualquier otro bombero. Incluso hace calor, dicen,  cuando uno llega a la zona que hay que limpiar se siente el ambiente  alrededor de 36.3 grados Celsius, la temperatura en la que fluye la sangre por el cuerpo humano.




Compártelo:Compártelo en FacebookCompártelo en Twitter

Autores por orden alfabético
A B C CH D E F G H I
J K L LL M N O P Q R
S T U V W X Y Z
Autores por Unidad Académica
 

Acerca de Exprésate | Bases para envío de aportaciones | Contacto

Universidad Autónoma de Chihuahua

Dirección de Extensión y Difusión - Coord. Gral. de Tecnologías de Información