Un pandero y una sartén

Por: David Alejandro Martínez Rodríguez
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Letras
Publicado: 2014-04-03 10:00:00

Un pandero y una sartén
En el mercado de trasnoches,
Que se cubre con mantas de tu piel
El sol es la cuenca de un collar
Que se vende por un beso.
Hay bazares de aretes y flores, que se extienden a lo largo de una lengua;
Que trajinan a oscuras con quesos lunares,
Y revenden engañando salivar de bálsamos y grilletes de tus manos.
El panadero que no ha cocido el pan
Entre tus piernas lo abarata,
Por no darlo de comer a las palomas tuertas.
Todos los gritos refieren:
Trueques de cucharas por un roce;
Rebajas en vasijas para el alma;
Remate de ollas viejas de tu tacto;
Salitres y almohadones.

Las Lunas de Marte apuestan su mercancía
Sobre la maraña embustera, de la promesa de un barro fresco.
Demos y Fobos mercantes.
Baratijas y oxido en tus ojos.
Las callejuelas de entrepuestos
Se consumen entre organilleros y tu voz.
No hay lugar que no ofrezca, Ni trastienda que no espere
Al parroquiano que regatee
En la oferta del ajuar raido Y las estrellas corroídas de una relación.

Cada paso levanta el polvo de las botellas,
En donde las usureras envasan tu perfume,
Y lo etiquetan con el engaño de una letra cursiva.
Las esencias que se elevan de los cuartos, impregnan mis huellas
Que se atascan en cenizas de cabellos.
El que vende los tapices, me ha enrollado uno con tu nombre en la cenefa.
Le di el cascajo de las uñas que me como
Y agregó figuras gargareadas de la muerte de tus labios.
El ropavejero arrastra la pena.
Y el baile de la gitana escribe sus ecos en las ropas, y las cuelga de dos ganchos
Para que el sol las oree y mi mirada las encuentre.
Me musita a pestañazos que le compre las cortinas
Que se descorren en la cama y devuelven desnudes.

Cada litro de aceite que se ofrece cura las imaginaciones de abandono,
Rasca polillas de arena de una mente de hace mucho.
Humea la tonada de aquello que has emborronado entre renglones.
El cuenta cuentos raya sombras en el suelo
Charlando de la belleza de otros lunares, de dos pizas de rompecabezas
Que nunca se unen, que siempre abren y cualquiera entra.
Parlotea cuentos para niñas que siempre son viejas
Y han dejado sus casas por venir a oírle.
Después de esto sigo caminando...
Paro cuando tengo que parar. Mi curiosidad me lo suplica.
Miro, cuando adornan con figuras de hojaldre mi pasaje.
Toco, si las palabras que me venden no la han desquebrajado.
Y es en ese instante en que se suda la alborada, que su vos enmohecida me golpea.
Se sacude de mí ser el hombre bestia de las nieves.
Se exilia mi deseo. Colguijes de galaxias. Aretes de sonrisas.
Enmudece la vendimia con tierra en los oídos.
Sólo retrocedo y caen. Miro, y tocan suelo.
Todo lo que no han vendido, lo que compraron y no cogieron,
Se guarda en una caja, que se quema en el ombligo.
Y así cuando llego al final de tus callejas
La ventisca vaga con libertad. No para. No habla. No mirujea.
Sólo da los buenos días.

Con las tres monedas que perdí
Compré la camisa que hoy visto por los pies,
La risa ronca de mi llanto y un libro grande
Donde me seco las narices
Y me escurre poesía.
Gandul Soñador.
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Españolas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACh: http://letrasestudiantiles.blogspot.com/



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