El talento del aguijón vaciado

Por: Miguel Herrera Pérez
fm
Medicina
Publicado: 2014-04-03 10:00:00

Las palabras afectivas otra vez volaban sin rumbo entre las paredes, de un vacío a otros tantos. El hastío de permanencia ya les había cansado y buscaban huir de su condena. Hostigo con celo a las ingratas, sin resultar en la congruencia de algo deleitable. Necesidad que se dibuja obligada, ternura intrínseca a los ávidos de placer. La simpatía no parece asomar su brillo sobre el calor de la mañana, remanso que morir debía ante la angustia de Marte, porque soy yo quien impone sus condiciones a las sátiras mundanas.
Todo está en un abrir y cerrar de ojos, como el golpetear constante de las teclas, aunque el acto me lastime los dedos como lastima la noche fría cada vez que la arboleda resuena y resuena opacada por el gemir que te provocó la herida de la avispa, con su aguijón hiriente y con sus alas finas como el breve rocío de la mañana, volviéndose parte de esta enmienda vana.
De nuevo arde el talento consumado, tan real como lo eran las tardes griegas en invierno, como las noches de cafeína y sed, con el veneno aconsejando tramas para el próximo y más cruel de los actos. Así se consumían mis madrugadas, porque yo era parte de esos placeres.
Y recuerdo el aguijón en tu piel herida, ¿feminidad? sólo el simbolismo queda, con el vértice a tus adentros mientras drena el brebaje enfermo. Maldad que extasía y enerva. El viento y la noche te arroparon al ver embriagado tu sentir y de nuevo dejaste de formar parte de un todo.
Yo me satisfago con el recuerdo de la escena… la agitación apresurada y un cálido gemir se vuelven muletillas, al intentar adivinar tus contornos breves, difusos e imprecisos, sensualidad que arremete contra la habitación helada, frío que se mezcla con mi respirar al volverse trémulo… de pronto parezco ser el protagonista de mi hombría efímera, de este cuento donde sólo hay villanos, donde la historia deja de ser lineal para convertirse en una serie de giros desconcertantes, como la espiral de escenas que corren centrípetas a mi vientre. Y pienso en la hecatombe, sin descartar la realidad de una teoría geocéntrica…
Luego miro al cielo, como intentando adivinar tu rostro dibujarse en las redes de la enmarañada noche, entre las sombras incautas y extasiadas con su voyeurismo, y el acto se vuelve parte de ellas y yo, me vuelvo parte de nada, mi sensibilidad se eleva a la enésima potencia y te pido perdón, a contrapunto con mis espasmos…
Al final descubro que aún estoy sólo, miro a todos lados, en busca de algo que me haga recordar como llegué ahí y explique los motivos de estos actos… y recuerdo el aguijón, y deseo renacer avispa… sólo eso me queda.
Me quedan algunas imágenes para fingir que soy tu artista.



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